Sufragio y Regímenes Electorales.
Hasta ahora hemos hablado de lo que significa el poder y la política, de cómo se estructura el estado, de qué alternativas hay para organizar el gobierno, y de cómo se conecta la sociedad con el estado a través de los partidos. Hemos revisado las distintas formas de concebir la democracia, y nos hemos planteado variadas cuestiones sobre las problemáticas actuales de la política.
Ahora bien, todo este recorrido discursivo de la ciencia política no tendría sentido si no encontráramos mecanismos concretos para traducir la voluntad popular en un gobierno popular. La aplicación práctica de la teoría democrática requiere de una forma práctica de traducir en los hechos el principio de representación política. La voluntad popular se expresa en votos, y los votos se traducen en cargos. Pero ¿Cómo se traducen los votos en cargos? Esa es la principal cuestión objeto de estudio de este capítulo.
La principal, pero no la única. La práctica cívica y la práctica política más específicamente muestra que aún las personas iniciadas en el estudio de estos temas, carecen de los conocimientos elementales para encarar los problemas que se suscitan en los actos electorales. Y no parece que éste sea un conocimiento poco importante. Cualquiera que haya presenciado la preparación de la elección interna de un sindicato o de un partido político en Argentina, se dará cuenta que existen vastos conocimientos acuñados por la “maña” política, al que el común de los “politólogos” y “juristas” aún no han llegado.
Por eso, vamos a completar el estudio de la temática electoral con una sucinta descripción de la mecánica de un acto comicial según el código electoral vigente, y de las formas más usuales de fraude.
Sufragio.
La teoría de la democracia representativa supone la existencia de una voluntad popular, que vendría a ser algo así como la sumatoria de las voluntades de los electores. Cuando vamos a la aplicación práctica de este concepto, lo único concreto que tenemos es que la gente, habilitada para ello, vota por tal o cual propuesta de las cuestiones puntuales que se le presentan: un si o un no en un plebiscito, una lista u otra en una elección, un candidato u otro en un Balotaje. Así, el Sufragio es una manifestación de voluntad individual, expresada por un medio formal, que tiene por objeto concurrir a la formación de la voluntad colectiva, con el fin de elegir representantes en el gobierno, o de decidir una cuestión política dada. O dicho de otro modo: el sufragio es la mínima unidad de medida de la voluntad popular.
El art. 37 de nuestra Constitución Nacional establece que “El sufragio es universal, igual, secreto y obligatorio”. Se denomina universal, cuando se acuerda a todos los individuos en general, con la única condición de la edad y la nacionalidad. Al contrario, se denomina calificado, cuando se exige una característica determinada para poder votar (Ej: tener determinado capital, o cierto grado de formación educativa). Sufragio igual implica que el voto de cualquier ciudadano vale igual que el de otro, sin importar el lugar que éstos ocupan en la sociedad. Sufragio secreto quiere decir que debe garantizarse que de ningún modo pueda averiguarse qué opción votó cada persona. Obligatorio significa que nadie tiene permitido optar por no ir a votar -lo que no impide que pueda votar en blanco-. La obligatoriedad del voto tiene como fundamento la necesidad, para un sistema democrático, de que el pueblo se exprese. Si el pueblo no se expresa no se puede formar la voluntad popular, y por lo tanto la representación política no es posible.
Corresponde agregar que el sufragio es un acto formal en cuanto solo es válido si se emite por los medios oficialmente previstos para ello. Ej. Si un elector quiere manifestar su voluntad a favor de un candidato, solo lo puede hacer mediante la boleta oficializada. Si en cambio pusiera en el sobre de votación una carta donde expresa su apoyo al mismo candidato, por más que se entienda que lo apoya, el voto no vale, porque solo está aceptado votar mediante las mencionadas boletas.
Sistemas Electorales.
Los sistemas electorales, o más específicamente la fórmula electoral, son el modo de traducir los votos en cargos. Puede a primera vista parecer sencillo: los cargos de gobierno los deben ocupar las personas elegidas por el electorado. Pero a poco andar surgen múltiples problemas. ¿Se debe respetar la proporcionalidad de las opciones del electorado? ¿De qué manera? ¿No será preferible otorgarle todo el poder al partido más votado? ¿Hasta que punto es democrático darle poder a la minoría, que después va a obstaculizar la labor de gobierno de los candidatos elegidos por la mayoría? ¿Los candidatos representan a sus electores o al partido que los postula? ¿O representan a la población del territorio que los eligió solamente? ¿Es conveniente la lista sábana? ¿Con qué porcentaje consideramos que un partido sacó mayoría? ¿Basta con ser el más votado, o hay que tener la mitad más uno de los votos, o una mayoría calificada mayor? Debe recordarse además que en los regímenes presidenciales, el poder ejecutivo es unipersonal, y no es pasible de proporcionalidad ninguna.
Los distintos sistemas electorales posibles tienden a responder a algunas de esas preguntas. Veamos. Los sistemas electorales más comunes son los siguientes:
Lista Completa: se atribuyen todos los cargos a la lista más votada sin importar el porcentaje de votos que obtuvo (es decir, aunque no haya alcanzado siquiera la mitad de los sufragios). Es el sistema utilizado en la mayoría de los sindicatos argentinos.
Lista incompleta: Se vota por una lista que tiene una cantidad de candidatos equivalente a una proporción del total de cargos a cubrir (Ej.: 2/3). La lista que obtiene más votos (simple pluralidad, aunque no llegue al 50 %) se lleva el primer segmento mayoritario cargos (ej: 2/3) y las que le siguen en votos se quedan con proporciones predeterminadas menores (ej: 1/3). Las demás listas no obtienen bancas. Es el sistema de la Ley Saenz Peña, vigente desde 1912 hasta mitad del siglo XX en Argentina.
Tachas: Se vota por sistema proporcional o por lista incompleta, pero se pueden tachar los nombres de los candidatos no deseados, que de alcanzar un número de tachas estipulado serán eliminados en la distribución de cargos. En algunos sistemas se permitió incluso agregar nombres de otras listas. En Argentina se lo conoció como “Borratina”
Uninominal. Se divide el territorio en tantas circunscripciones como cargos haya para cubrir. Luego, cada circunscripción elige un solo candidato. Se aplica en Inglaterra.
Proporcional (Lista Sábana): Cada provincia o distrito vota por una lista que tiene una cantidad de candidatos igual a la cantidad de cargos a cubrir. Luego los cargos se distribuyen en proporción al número de votos obtenido, según el órden de los candidatos en las listas. Se aplica actualmente en Argentina.
Mixto: Parte de los cargos se cubre por el sistema uninominal y parte por el proporcional. Se aplica en Italia después del “Mani pulite”, y también en Alemania.
Visicitudes del Sistema Proporcional.
Indudablemente, el sistema proporcional parece el más adecuado para traducir fielmente los votos en cargos. Se diría: a tal porcentaje de votos, igual porcentaje de cargos. Pero no es tan sencillo el asunto.
a) Cómo Repartir.
La cantidad de cargos son unidades enteras, y los porcentajes de votos no. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires se eligen 35 diputados nacionales, y un partido obtuvo el 10,53 % de los votos ¿Cuántas bancas le corresponden?
Según el sistema del cociente, se debe dividir el total de votos válidos por la cantidad de bancas, y ese cociente opera como cifra repartidora. Evidentemente, quedará un número de bancas sin asignar, para las cuales hay dos criterios de distribución:
Mayor residuo: se asignan a los partidos que tengan mayor cantidad de votos excedentes luego de descontados los cocientes por la cantidad de bancas enteras ya asignadas.
Asignación al ganador: se asignan todas las bancas sobrantes al partido más votado.
Sistema D’Hondt: Se divide la cantidad de votos obtenidos por cada lista sucesivamente por uno, por dos, por tres, y así sucesivamente hasta llegar al número de bancas en disputa. Los resultados obtenidos de la división de votos de cada partido se ubican en un cuadro único, de doble entrada. Y luego se van tachando los mayores resultados, ordenadamente, hasta tachar tantos resultados como bancas en disputa haya. El último resultado tachado sirve de cifra repartidora, y no quedan residuos.
b) Resquebrajamiento del Poder.
Se argumenta contra el sistema proporcional que divide el poder entre los partidos, y por lo tanto lo debilita, llevando a la constitución de gobiernos débiles, y oposiciones fuertes que disminuyen la eficacia del sistema político. Para evitarlo se suelen aconsejar distintos remedios que aumentan la cantidad de cargos de los partidos más votados:
Contar solo votos positivos: Si se respetara la proporcionalidad estrictamente, en los parlamentos se deberían asignar bancas, de alguna manera, a las porciones de electorado que se abstuvieron de votar, a los que votaron en blanco, o a los que anularon su voto. La ley que establece el “diputado por un día” tiende a llenar este vacío. Pero normalmente estos “no votos” no se cuentan en el reparto de bancas, de modo que todos estos votantes abstenidos, o fallidos, no entran en la cuenta de reparto de bancas. Son el verdadero voto perdido.
Umbral: Se fija un porcentaje mínimo para acceder al parlamento. En los sistema D’Hondt y de cociente, el umbral es implícito. En otros sistemas, se exige un umbral aún más alto. Por ejemplo en Alemania, el umbral es el 5 %. Es decir, que se excluye de la cuenta de reparto de bancas a todos los que obtuvieron menos que el umbral.
El criterio de asignación de residuo al más votado tiende a reforzar el poder de éste por encima de los votos que obtuvo.
Del mismo modo, lo sistemas de lista completa e incompleta, también tienden a sobrerrepresentar a las mayorías a fin de favorecer la unidad del poder.
c) ¿Qué hay debajo de la sábana?.
En la Argentina actual el sistema proporcional, denominado despectivamente “lista sábana”, ha caído en un gran desprestigio. Se le reprocha que la lista de candidatos encubre personajes indeseables en los puestos más retrasados, que no serían votados por el electorado si encabezaran la lista. Ocurre que en las elecciones legislativas, la campaña es encabezada por los tres o cuatro candidatos ubicados en primer término –que normalmente tienen el acceso a su banca asegurado-. Pero en caso de ganar la elección, obtienen bancas los personajes ubicados en lugares relegados (Ej. Candidato a diputado nº 20 en la Pcia. de Buenos Aires), que nadie conoce. Más aún, aprovechando este desconocimiento que la “sábana” encubre, se acusa a las dirigencias partidarias de “vender” las candidaturas a cambio de aportes económicos a la campaña u otros favores. El caso más conocido es el del Diputado menemista Samid, o del Diputado Pierri, elegidos por la Provincia de Buenos Aires
Para superar este problema del desconocimiento, suele sostenerse que mejor sería cambiar el sistema proporcional por el de circunscripciones uninominales. Este sistema tiene la ventaja que cada territorio conoce personalmente al legislador que elige y puede hacerle un seguimiento cotidiano de su desenvolvimiento patrimonial. Por ejemplo, si Villa Ballester Oeste eligiera un concejal por el barrio podría asegurarse un conocimiento directo del mismo.
La crítica que se hace a estos sistemas uninominales es que rompen con la proporcionalidad, porque los votos de los candidatos que no ganaron quedan sin ninguna representación. No solo se rompe la proporcionalidad, sino que se impide la presencia legislativa de fuerzas minoritarias. Así, los partidos que suelen obtener minorías estables del 10 o 15 %, pero que no son mayoría en ninguna circunscripción, no obtendrían bancas. Ej.: La UCE en la Pcia. de Bs. As, Nueva Dirigencia, o la APR en la Capital Federal, o el PDP y el PSP en Santa Fe.
Para combinar los beneficios de ambos sistemas, el proporcional y el uninominal, muchos países han avanzado en la configuración de sistemas mixtos: parte de las bancas se asignan por sistema uninominal, y una parte por sistema proporcional. Pero estos sistemas pueden también ser objetados en cuanto lo que hacen es morigerar los defectos de ambos, sin eliminar los problemas que implican. En fin, el debate sigue abierto.
Elección Presidencial.
Cuando elección se refiere a cargos ejecutivos en regímenes presidenciales, la cuestión se complica aún más. Este problema no se plantea en los regímenes parlamentarios porque el gabinete es elegido de entre sus miembros, por el parlamento, depositario de la representación popular. Pero en los regímenes presidenciales el presidente es elegido directamente por el pueblo, y el cargo es unipersonal. El presidente electo, en el mejor de los casos, será el que elija la mayoría. Y la minoría quedará sin representación. ¿Cómo consagrar un presidente que, sin ser del gusto de todo el electorado, sea suficientemente representativo? A continuación vamos a ver los distintos modos de elección del ejecutivo en los regímenes presidenciales:
Elección directa o Indirecta. Se dice que hay elección directa cuando lo que vota cada ciudadano, es al candidato directamente. Se requiere que todo el territorio sea un distrito único. Es el caso de Argentina desde 1994. En cambio la elección es indirecta cuando lo que vota el electorado son representantes que se van a reunir en lo que se llama “colegio electoral”, y va a ser luego el colegio, el que por mayoría elija al presidente. En el Colegio Electoral pueden darse alianzas entre partidos minoritarios que superen al partido más votado. El territorio puede dividirse en una pluralidad de circunscripciones en la cuales puede requerirse distinta cantidad de votos para consagrar un elector al colegio. El sistema indirecto era el establecido en la Constitución nacional de 1853/60. Entonces, para asignar un elector por la Provincia de Buenos Aires se necesitaban 70 u 80 mil votos. En cambio para consagrarlo por una provincia del interior, solía alcanzar con 20 o 30 mil votos. Como resultado del sistema indirecto de elección, era perfectamente previsible que fuera consagrado presidente un candidato que había salido segundo o tercero en cantidad de votos a nivel nacional. La elección indirecta también puede usarse para designar legisladores. Era el sistema previsto en la Constitución de 1853-60 para elegir los senadores nacionales, que debían ser designados por las legislaturas provinciales.
Elección a simple pluralidad o a doble vuelta.
También es importante distinguir si para elegir al titular del Ejecutivo (Presidente, Gobernador, intendente, etc.) hace falta que el partido más votado alcance o no un determinado porcentaje. Puede ocurrir como en la Provincia de Buenos Aires, que para ser electo baste con haber resultado el más votado (simple mayoría), aunque no se alcance el 50 % de los votos (mayoría absoluta).
El Balotaje o segunda vuelta, es una segunda elección, que se realiza entre los dos candidatos más votados cuando en la primera vuelta ninguno obtuvo mayoría absoluta.
El caso Argentino.
El sentido del Balotaje es el de dotar al presidente electo del mayor consenso posible. Si no llegó al 50 % en la primera vuelta, cabe la hipótesis de que todos los que no lo votaron están en su contra, y prefieran como mal menor a otro candidato antes que a él. Por eso, para garantizar un relativo apoyo mayoritario, se llama a la segunda vuelta entre los dos más votados, para que el electorado elija. El límite lógico entonces siempre es la configuración de una mayoría del 50 %, en la primera o en la segunda vuelta.
Pero en Argentina los números son diferentes. A fines de 1993, se realizó un acuerdo, llamado Pacto de Olivos, entre el entonces Presidente Menem (Justicialista) y el ex presidente Alfonsín (Radical) que fijó los términos de la reforma constitucional de 1994. Esta reforma, al igual que el pacto establecieron que si el candidato a presidente más votado en la primera vuelta alcanzaba el 45 % de los votos, queda automáticamente consagrado (art. 97 de la CN). Es decir, que en Argentina, la mayoría absoluta para una elección presidencial es cinco puntos menos de lo que la matemática indica. Más aún, si el ganador no llega al 45 % pero tiene más del 40 %, y una diferencia de 10 % respecto del segundo, también queda consagrado ganador sin necesidad de segunda vuelta (art. 98 CN). Hasta ahora en la Argentina nunca hubo Balotaje para una elección presidencial.
Elecciones Partidarias.
Un tema aparte es la forma en que una persona llega a postulase como candidato en una elección general. Vamos a hacer un recorrido de las principales alternativas.
Candidaturas Independientes.
Consiste en permitir a cualquier persona presentarse como candidato sin requisito alguno, o con requisitos mínimos, sin exigirle que lo postule un partido político. Permite una llegada más rápida de los “outsider” a la política. Es el camino más directo para acceda a cargos de gobierno una persona que ha ganado su fama en otras actividades, por ejemplo un cantante. En Argentina las candidaturas independientes están prohibidas. Los partidos tienen el monopolio de las candidaturas. Los “outsiders” que actualmente han llegado a puestos de Gobierno (Ej.: Reutemann, Pinky, Sciolli) lo han hecho por la vía de los partidos políticos.
Ley de Lemas.
Es el sistema que rigió en Uruguay hasta hace pocos años. Actualmente rige en Santa Fe y otras provincias argentinas. Solo los partidos pueden presentar candidaturas, pero no tienen elecciones internas separadas. Cada lista presenta su propio sub-lema en la elección general. Así, en el cuarto oscuro, el sufragante se encuentra con boletas de todas los partidos, de todas las corrientes internas, de las cuales solo puede elegir una. Es decir que al votar elige al mismo tiempo el partido y la corriente interna. Luego los votos obtenidos por los candidatos de los sub-lemas menos votados se suman como votos del lema partidario a favor del sub-lema más votado. Así en Santa Fe, para las elecciones de Gobernador, normalmente el candidato más votado suele ser un radical, porque la UCR no presenta sub-lemas. Pero las elecciones las gana el Juscialismo dado que la suma de sus sub-lemas es mayor que la de la UCR (actualmente Alianza UCR – PSP).
Internas Abiertas Simultáneas (Primarias).
Es un sistema utilizado en muchos estados de EEUU. Se consagra un día para las elecciones internas de todos los partidos políticos. Votan todos con el padrón nacional (no hay padrón de afiliados). Usan el mismo cuarto oscuro en el que se colocan boletas de todos los partidos y de todas las corrientes. Usan las mismas mesas electorales, la misma urna, y el mismo escrutinio. Las autoridades de mesa son designadas por la Justicia Electoral. Es uno de los sistemas que mejor garantiza la participación masiva y transparente del electorado. Esto perjudica las “máquinas partidarias” preparadas para las internas tradicionales. Justamente por eso no ha podido ser implementado en Argentina.
Internas de Afiliados o Cerradas.
Son las que actualmente rigen como sistema básico en Argentina. Son afiliados los ciudadanos que firmaron su “ficha de afiliación”. Cada partido tiene un conjunto de afiliados anotados en su padrón electoral. Esos son los únicos habilitados para votar. Las autoridades partidarias (oficialismo) tiene la facultad de designar la junta electoral que –supuestamente- debe velar por la trasnparencia del comicio. Esta junta designa los presidentes de mesa y lleva adelante el comicio.
El reducido número de votantes, el sistema de “fichas”, y el “autocontrol” que se le otorga a las dirigencias partidarias, ha generado lo que se llaman “maquinarias partidarias”. Son organizaciones internas que se dan en los partidos políticos, que le permiten quedarse con el poder interno de la organización. En cada barrio existen los denominados “punteros” que juntan “fichas” de personas “supuestamente” afiliadas. Estos punteros se atribuyen la capacidad de “mover” a “su” gente (la que figura en las fichas”) el día de la elección. Es decir que el día de la elección, el puntero contrata uno o más automóviles (“remises”) que pasan a buscar a la gente por la casa (para que no se olviden), los llevan a votar, y los devuelven a sus hogares. Se supone que le gente del “puntero” vota por la lista que él les dice.
En función de esta supuesta convocatoria electoral del puntero, en la etapa anterior a la elección interna, cuando se van a armar las listas de precandidatos tienen lugar incansables negociaciones. Cada puntero negocia su “paquete de fichas” con los distintos “jefes” partidarios locales. A ningún puntero le conviene quedar fuera de la lista ganadora, porque se pierde la posibilidad de usufructuar los “favores” del oficialismo partidario. Pero aquí entra a jugar la ley de oferta y demanda. Como todos los punteros quieren ir con el ganador, los lugares a obtener en dicha lista son poco expectantes. Entonces, suele convenirles ir con la lista opositora, dado que aunque pierda, allí el puntero puede obtener cargos mejor ubicados, desde los cuales tener capacidad de “chantaje” como minoría fuerte, cuyo apoyo será requerido para lograr consenso partidario en temas cruciales. A este proceso complejo de negociaciones estratégicas, un tanto difícil de entender, se lo denomina “la rosca” interna.
Este sistema de negociaciones entre Jefes y punteros asciende en forma piramidal del nivel municipal al provincial, y del provincial al nacional. Los que son referentes a nivel local pasan a ser simples piezas a un nivel más alto.
A su vez, cuando existen conflictos a nivel local, desde los niveles superiores se puede “reglamentariamente” favorecer a un referente local o a su contrincante, de modo que la organización se reproduce, formando así una verdadera “oligarquía” partidaria.
En Argentina este sistema ha caído en desprestigio por sus falta de representatividad y por su evidente corrupción. A ello se suma su falta de eficacia, dado que en varias elecciones de los partidos mayoritarios ha quedado demostrado que no siempre gana el “aparato”, debido a que el votante en el cuarto oscuro, elige el candidato que quiere. Es memorable en este sentido el vuelco interno que produjo Raúl Alfonsín en el Radicalismo en 1983, y la derrota del aparato Cafierista en 1987, a manos de Menem y su convocatoria carismática.
Por estas razones, este sistema está teniendo una lenta transformación, sin perjuicio de que aún continúan vigentes los “aparatos” de los partidos mayoritarios”. Actualmente las internas cerradas son usadas sólo en partidos conservadores del interior, o en partidos de reducido tamaño y poca significación electoral.
Internas Abiertas con Padrón Nacional.
Es un intento de reforma del sistema de internas cerradas. Tiene el mismo funcionamiento de dicho régimen, pero con la diferencia que hay dos padrones: el padrón de afiliados y el padrón nacional de “vírgenes”, es decir, de ciudadanos no afiliados a ningún partido político. Los afiliados pueden votar autoridades partidarias y candidaturas a cargos electivos. Los no afiliados solo votan estas últimas.
Si bien este sistema favoreció un incremento de la participación electoral, no desbarató el poder de los aparatos partidarios, sino que solo les aumentó la clientela potencial. Ahora los punteros además de exhibir su paquete de fichas, han formado una “tropa” de independientes. Con una desventaja adicional: esos nuevos paquetes de independientes, pueden ser “movidos” en las elecciones internas abiertas de todos los partidos políticos. De modo tal que ahora los punteros pueden extender su poder e influencia por fuera de su estructura partidaria de origen.
Cómo se vota en Argentina.
Veamos ahora cómo funcionan las instituciones electorales en la práctica.
El comicio se abre a las 8 horas. En cada mesa de votación la Junta Electoral designa con antelación autoridades tres autoridades. Son autoridades imparciales. El presidente es la única autoridad con poder de decidir quién puede votar y quién no. También hay dos Vicepresidentes (Primero y segundo) cuya función es reemplazar al presidente y ayudarlo a cumplir su tarea. Junto a las autoridades de mesa, actúan los fiscales, a quienes los designa cada partido, y se ocupan de controlar que no se produzcan irregularidades (fraude).Su función más importante es durante el recuento de votos (escrutinio).
Cada mesa cuenta con un padrón, que es la lista de las personas habilitadas para votar en esa mesa. No se pueden agregar otros votantes, salvo que sean fiscales de mesa, o autoridades comiciales. Junto a la mesa de votación se habilita un Cuarto Oscuro, que es el lugar (cerrado) en el que se encuentran las boletas oficializadas de los Partidos, para que el sufragante elija cuál pone dentro del sobre. Se lo llama oscuro porque deben empapelarse todos sus vidrios o lugares abiertos de modo que desde afuera no pueda verse qué boleta se elige.
Cada votante debe buscar la mesa en cuya hoja del padrón figura. Se presenta el DNI (LE o LC) al presidente de mesa, quien entrega un sobre firmado. Se ingresa al cuarto oscuro, se elige una boleta y se la guarda dentro del sobre. Se cierra el sobre y se sale del cuarto oscuro. Se Deposita el sobre en la urna, y se retira el DNI con un sello que dice "votó".
No pueden votar los ciudadanos que no figuran en el padrón, o figurando carecen de DNI (o LE o LC según el caso), o teniendo ese documento figuran con una renovación posterior (Ej: no se puede votar con DNI original si en el padrón se figura con el duplicado).
Son votos impugnados aquellos casos en los que el Presidente de mesa autoriza a votar al sufragante, pero que los fiscales sospechan que puede haber diferencias en la identidad de la persona (problemas de documentación).
Se denomina Voto cantado a la violación del secreto del voto. Se dá cuando el sufragante expresa de alguna manera por quién va a votar. Se le debe impedir que sufrague, y labrar un acta haciendo constar tal circunstancia.
Desde las 18 horas se cierra el comicio y comienza el escrutinio, o recuento de votos, que debe hacer el presidente de mesa ayudado por los dos vicepresidentes de mesa.
Se consideran Votos nulos aquellos que, una vez abierto el sobre, durante el escrutinio, se descubre que tienen tachaduras, inscripciones, papeles agregados, o que contienen una boleta parcialmente dañada, o de otro distrito.
Son Votos en Blanco los que no contienen nada dentro del sobre o contienen un papel en blanco.
Al finalizar el recuento de votos en la mesa el Presidente labra un acta consignando los resultados y entrega a los Fiscales un Certificado de Escrutinio, en el que consta cuál fue el resultado en esa mesa.
Luego las Urnas con las actas y la papelería de cada mesa es devuelta al representante de la Junta Electoral en la Escuela (el empleado de correo, normalmente). De ahí son conducidas, bajo custodia del Ejército, a un centro de reunión de Urnas, para luego trasladarlas en conjunto a la Capital de la Provincia.
El conteo más inmediato se hace mediante un formulario llamado “telegrama de escrutinio” que el presidente de mesa envía al centro de Cómputos. Los datos oficiales que se conocen en la noche del día de la elección, son producidos por esos Centros de Cómputos oficiales.
Si algún partido impugna la elección, o el escrutinio, alegando irregularidades, las Urnas son reabiertas durante los días siguientes en la Junta Electoral en la Capital de la Provincia, y los votos son recontados uno a uno. Es lo que se denomina “Escrutinio de Junta” que pocas veces ocurre.
Hasta aquí el funcionamiento normal de un comicio.
Hecha la Ley, Hecha la Trampa.
La Democracia Argentina actual ha alcanzado un nivel de maduración tal, que todas las medidas preventivas establecidas en el Código Electoral Nacional no son otra cosa que eso: medidas preventivas. En los últimos 15 años solo se registran unos pocos casos de fraude electoral de repercusión nacional: Misiones, Avellaneda y Santiago del Estero. En todos los casos el beneficiario del fraude fue el Justicialismo. Pero si comparamos esos casos con todo el resto de elecciones nacionales, provinciales, y municipales que hubo desde 1983 hasta 1999, vemos que el fraude es verdaderamente una excepción.
De todos modos, es importante tener presente que en otras épocas sí existió fraude organizado a nivel nacional, normalmente para beneficiar a los políticos conservadores. Y también hay que recordar que las elecciones internas tanto de los partidos políticos como de los sindicatos, tienden a ser un verdadero anecdotario de la “viveza criolla” en su peor sentido.
Con el objetivo de ayudar a prevenir los casos de fraude, vamos a recordar cuales son los casos más usuales de manipulación electoral.
Manipulación de la legislación electoral:
Aquí lo ilegítimo es la propia ley, que establece una forma “tramposa” de favorecer al oficialismo. El caso más conocido es el “gerrymandering”, es decir, la configuración mañosa de las circunscripciones electorales en la que las zonas donde la oposición es fuerte son compensadas con zonas más fuertes del oficialismo, de modo que se reduzca su representación electiva. Es un recurso utilizado por Perón en las Elecciones de Capital Federal durante su segunda presidencia.
Eliminar listas opositoras.
Consiste en poner obstáculos reglamentarios, o de hecho, a la presentación de listas opositoras. Por ejemplo, en la UOM, para ser candidato a determinados cargos se requiere previamente haber integrado la nómina dirigencial del gremio. También es usual comprar la voluntad de los avalistas de la lista, para que desistan de su apoyo mediante carta documento.
Retoque de Padrones.
Consiste en eliminar del padrón a aquellos votantes que se sabe que van a votar por la lista contraria, o en agregar antirreglamentariamente personas que se llevarán a votar a favor de la lista del defraudador.
Voto Cantado:
Como ya dijimos, es el caso del elector que dice en voz alta la lista o el candidato que va a votar. Hasta la sanción de la ley Saenz Peña no existía el voto secreto, que es una conquista de la democracia argentina. Antes de 1912, los votantes hacían fila frente a la mesa de votación, y a medida que les tocaba el turno iban diciendo en voz alta ,“cantando”, cuál era su voto. No había boletas ni cuarto oscuro. El escenario solía completarse con los matones del caudillo local, que se ubicaban detrás de las mesas, para recordar a los electores como eran las cosas.
Arreglo de Resultados:
Antes de la Sanción de la ley Saenz Peña era muy común que entre los fiscales “pactaran” antes de empezar la votación, de antemano, cual iba a ser el resultado. El acuerdo daba lugar a un acta de escrutinio que se firmaba antes de abrir el comicio. Después de dejaba votar a la gente, y a las 18 horas se tiraban los votos a la basura, y se los reemplazaba por otros, acorde al resultado arreglado.
Eliminar, cambiar o Dañar Boletas.
La responsabilidad de que en cada cuarto oscuro haya boletas, es de cada lista. De modo que si no llegan, o se acaban, o están rotas, es problema de esa lista. La maniobra consiste en incendiar los camiones que transportan boletas, o no poner las boletas en el cuarto oscuro, colocarlas rotas, o escribirlas para que los votos sean nulos. Un mal hábito muy difundido en nuestros electores es el de desordenar el cuarto oscuro, pero con disimulo: el elector defraudador se roba todas las boletas de una lista, menos una que la deja en su lugar, y debajo de esta pone un mazo de la lista que quiere favorecer. A simple vista parecerá que no faltan boletas de esa lista en el curato oscuro. Pero cuando el siguiente elector recoja esa única boleta, abajo quedarán las de la lista que quiere favorecer.
Voto en Cadena.
Solo puede practicarse en elecciones de poco tamaño. Es una violación de la libertad de sufragio. Se sustrae de la mesa de votación uno de los sobres ya firmados por el presidente de mesa y los fiscales, pero vacío. O se copia uno igual. En un local cercano al centro de votación se le entrega al votante ese sobre ya cerrado, con la boleta de la lista que se quiere favorecer en su interior, y se le explica los pasos a seguir. Lo debe llevar escondido, recibir el sobre que le den en la mesa, en el cuarto oscuro tiene que cambiar uno por otro, guardar el sobre vacío que le entregaron, votar con el sobre que ya viene lleno, y a la vuelta, contra la entrega del sobre vacío que le dio el presidente de mesa, se le pagará una suma “X” de dinero ya estipulada.
Agregado de Sobres.
Cuando el presidente y/o el fiscal de la otra lista se distraen, el fiscal agrega en la urna 10, 20 o más sobres conteniendo boletas del propio partido, que una vez mezcladas con las demás, ya no pueden distinguirse. Para completarlo, se marcan del padrón del presidente igual cantidad de personas, al azar, con la indicación de que votaron.
Volcar padrones.
Se hace en las mesas en que no hay fiscales opositores, y el presidente de mesa está de acuerdo con el fiscal oficialista. Consiste en agregar lisa y llanamente una cierta cantidad de votos en la urna, y marcar los padrones indicando que la misma cantidad de personas fue a votar. Para disimular el fraude también se colocan algunos votos opositores. El resultado de la mesa será muy desproporcionado. Por ejemplo: 100 a 10, 200 a 40, etc.
Compra de Fiscales.
Se arregla una contraprestación determinada con el fiscal de la lista contraria, para que haga como que no ve la maniobra de fraude. Luego, se agregan sobres, se vuelcan padrones, se quitan votos a la otra lista, etc. Esta maniobra suele ser muy sencilla en los casos en que la lista víctima del fraude, debido a su poca militancia, presente fiscales remunerados.
Cambio de Sobres.
También requiere la complicidad o la inexistencia de fiscales de la lista contraria. Se deja votar normalmente a los electores, pero en el momento del escrutinio luego de abiertos los sobres, se cambian las boletas de la otra lista por la propia. También suele darse el cambio de sobres cuando el escrutinio es muy desordenado. Entonces los partidarios de la lista defraudadora llevan mucha gente al lugar de conteo, producen confusión, y cambian las boletas.
Cambio de Urnas.
Igual que en el caso anterior, pero en el depósito de Urnas. Una vez que (después de las 21 hs., seguramente) llegan las urnas conteniendo los votos, al punto de concentración de urnas; las urnas verdaderas son cambiadas por otras “truchas” previamente preparadas, conteniendo votos, actas y resultados falsos, a favor de los defraudadores.
“Pinchar” el Escrutinio informático
Consiste en “inyectar” clandestinamente cifras en el sistema de computación donde se está haciendo el recuento de los resultados de los telegramas de escrutinio.
Retención de Documentos.
Consiste en retener, por los medios que fuere, los documentos de las personas que se sabe que podrían votar a la lista contraria. Ej,.: que el registro de las personas, antes de la elección acelere la entrega de documentos a las personas que denuncian empleos de baja remuneración y retenga o retrase la entrega de documentos a todos aquellos que denuncian ocupaciones de clase media. Otra modalidad suele darse en zonas rurales muy tradicionales, como en Corrientes: el patrón, antes del día de la elección, se queda con el documento de los peones que podrían votar a la lista contraria. Durante la época de la República Conservadora, era común que al lunes siguiente, a esos peones se les devolviera la libreta con la constancia de que habían votado, es decir, que alguien había votado por ellos.
Doble documento.
Una persona saca un segundo DNI denunciando que perdió el primero, pero lo conserva clandestinamente. El día de la elección vota en una mesa como fiscal de mesa, y también vota en la mesa en que está empadronado, como un elector común.
Una zapatilla hoy, la otra el lunes.
Es una técnica destinada asegurarse el resultado de la votación para un electorado relativamente importante. La utilizaron los punteros de la familia Saadi en Catamarca, según se revelara a consecuencia del caso “María Soledad” . Antes de la elección, a una persona pobre, se le regala una zapatilla, por ejemplo, la del pie derecho. Y se le promete regalarle la del otro pié si en el candidato designado gana las elecciones el domingo. En pueblos del interior, cuyo padrón no supera los 100 o 200 votantes, es una técnica de alta eficacia. Una variable de esta forma de fraude es la entrega de medio billete, por ejemplo de $ 50, antes de elección, y la entrega de la otra mitad luego de asegurado el triunfo, el día lunes.
Perspectivas de Mejora.
La lista de trampas seguramente podría seguir. Y seguramente se irán inventando técnicas nuevas. Pero estas son las modalidades más comunes de Fraude Electoral. Afortunadamente no son prácticas generalizadas, pero sí son muy difundidas en las elecciones pequeñas, locales, o internas.
La forma más adecuada de prevenirlas es la “nacionalización” de la elección, dado que pone a todo el comicio bajo vigilancia de la sociedad a través de los medios de comunicación. Donde hay una cámara de TV, el fraude es muy difícil. En cambio, en las elecciones aisladas, locales o internas, que no llegan a los medios de comunicación, el fraude es más factible.
Sin embargo el problema de esta “nacionalización” es el “arrastre” de las figuras nacionales, es decir, el hecho de que el electorado manifiesta su voluntad en cuestiones locales (ej.: elecciones municipales) en función de su simpatía por candidatos nacionales.
Existen proyectos de reforma de la ley de partidos políticos, por ejemplo que proponen que las elecciones internas se realicen en forma simultánea, en una misma mesa de votación para todos los partidos, con autoridades designadas por la justicia electoral. Anticipándose a la futura legislación, los partidos mayoritarios ya han implementado el sistema de internas abiertas, consistente en que en esa elección puedan votar además de los afiliados, los no afiliados a ningún otro partido.
Lamentablemente menos se ha podido avanzar en la forma de transparentar la elecciones internas sindicales. Un paso importante en este sentido lo dio el CTA, cuyo Secretario General Nacional es elegido en una elección nacional, con padrón virtualmente abierto.
Como puede observase, hay dos factores que tienden a facilitar el fraude: la intromisión del factor económico en los mecanismos de decisión, y la ausencia de militantes de las listas perjudicadas. El problema económico podría resolverse con mecanismos de control del financiamiento económico de la actividad política. Pero el segundo punto no tiene otra solución más que la participación de la gente en la organizaciones populares que sienta que merecen ser defendidas.
Raúl Alvarez - 29.2.00
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