lunes, 7 de marzo de 2011

Partidos Políticos

PARTIDOS POLITICOS.


Concepto. Elementos.
A los efectos de este curso, vamos a denominar “partido político” a toda organización de personas que se plantea como objetivo la conquista o mantenimiento de espacios de poder en el estado. Es decir que, para nosotros, los elementos de un partido son tres: las personas, el objetivo de acceso o conservación de poder estatal, y la organización de esas personas con esa finalidad.
No hace falta que esta asociación tenga reconocimiento legal como partido, dado que existen innumerables casos de partidos que por diferentes razones se encuentran proscriptos, pero no por eso dejan de funcionar como tales. Así por ejemplo, el peronismo y el radicalismo en Argentina entre 1976 y 1982, no contaban con reconocimiento jurídico, pero no por ello vamos a negar que existieron durante ese período.
Del mismo modo, la ideología tampoco es un elemento indispensable. Obviamente las personas que se organizan en partido político, alguna motivación tienen. Pero es un asunto individual, no es necesario que sea una ideología compartida lo que los congregue. Así por ejemplo, tenemos cantidad de casos de partidos políticos con diferentes “alas” o corrientes de opinión, que profesan ideologías diversas. Por ejemplo, el Partido Republicano en Estados Unidos, o el Partido Justicialista argentino en el período 1969-1976.
¿Y por qué se organiza la gente en Partidos Políticos? Los partidos surgen espontáneamente en toda época y lugar que los seres humanos se disputen el poder. Como el poder del estado, por su naturaleza, siempre es objeto de disputa, esta lucha va necesariamente acompañada de la formación de “facciones”, o “sectores” que se organizan para conquistarlo. A esos grupos organizados los llamamos Partidos. A veces esta lucha será violenta y descarnada, como en la Europa Feudal o en la Roma Imperial. A veces será regida por un conjunto de normas que la hacen más civilizada, como en las democracias contemporáneas. Pero siempre habrá partidos.

Surgimiento de los Partidos Políticos Modernos.
Cuando a fines del siglo XVIII las revoluciones burguesas de los países centrales transforman la sociedad y el estado, se producen una serie de cambios que van a desembocar en la constitución de los partidos políticos modernos. Las Sociedades industrializadas convocan masivamente mano de obra a radicarse en centros urbanos. Estos sectores populares urbanos en crecimiento tienden a politizarse más y más. El discurso político de la burguesía basado en el concepto de soberanía popular dá el argumento jurídico en base al cual el nuevo estado burgués tiende progresivamente a incorporar, vía ampliación de los derechos electorales, a mayor cantidad de ciudadanos a participar en el proceso político. Este proceso, consistente en que los gobernantes son electos con el voto de cada vez más gente, se denomina “universalización del sufragio. Tuvo lugar en Europa en el siglo XIX. En Argentina, recién va a concluir cuando se conceda el sufragio universal a las mujeres, en 1947.
Es decir que la política se fue transformando de una actividad de élites en un actividad de masas. Si hace 200 años, para llegar al gobierno, bastaba con conseguir el apoyo de unos pocos miembros de la clase alta, desde la unversalización del sufragio se hace necesario convencer multitudes. Para eso los activistas políticos tienen que organizarse de un modo especial, hay que hacer campañas electorales, elaborar una plataforma, llevar adelante debates, realizar eventos multitudinarios, etc. La organización de todas esas tareas quedan a cargo de los partidos políticos modernos.
Pero los partidos, así y todo, son un fenómeno no querido por los fundadores de la democracia moderna. La idea original de que la soberanía reside en el pueblo y que el gobierno debía ejercer el poder en representación de la voluntad general, hacía pensar que el pueblo era uno solo, y que la voluntad general era una unidad inescindible, tal como lo fuera la cabeza del monarca en otra época. Pero a poco andar, los nuevos gobiernos burgueses de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, mostraron la irrealidad de esa imagen. En los nuevos gobiernos también surgieron disputas por el poder, y en torno de estas disputas se organizaron grupos, sectores y facciones, que pronto darán origen a los modernos partidos políticos.
Y como los partidos eran un efecto no querido, las constituciones y leyes que por entonces se dictaron guardaban total silencio sobre este fenómeno. Si bien las constituciones del siglo XIX no prohiben los partidos, tampoco los reconocen. Sólo guardan silencio. La constitución argentina de 1853-60 es un ejemplo típico de esa omisión. Recién en el siglo XX, cuando se universalizó el sufragio en los países centrales, se reconoció que los partidos políticos son una realidad inevitable y que cumplen una función útil en las democracias modernas. Así por ejemplo en las constitución argentina de 1994 se reconoce la función que cumplen los partidos, a la que nos referimos en el apartado siguiente.

Funciones.
La función, utilidad o efectos que producen los partidos políticos va variando con las épocas y los objetivos que éstos se proponen. Los partidos son un instrumento que como tal puede ser puesto en función de los fines que sus dirigentes se propongan.
En grandes rasgos, diremos que la función de los partidos políticos en los regímenes democráticos es la mediación entre la sociedad y el estado. Mediación significa dos cosas: a) Representatividad, es decir, trasladar las demandas de la sociedad al gobierno del estado, y b) concenso, es decir generar el apoyo en la sociedad para imponer las decisiones del gobierno.
No cabe duda que hay casos de partidos cuya misión ha sido bien distinta. El Partido Nazi en la Alemania Hitleriana, por ejemplo, tenía como función unificar totalitariamente al pueblo alemán en inculcarle el odio político y racial a los pueblos del resto del mundo. Del mismo modo, el objetivo del PRI Mexicano de la década del 80 tenía como función enriquecer económicamente a sus miembros, relegando a un segundo plano toda función mediadora. Pero estos casos son distorsiones del modelo típico de partido moderno, por lo que no vamos a ellos. En todo caso, otro tema de discusión será cómo prevenir los casos de transformación de estos partidos en el sentido del autoritarismo y la corrupción. Por ahora, nos vamos a centrar en el análisis de la función de los partidos políticos en regímenes democráticos.
Esa función de mediación de la que hablamos, es un concepto genérico, que se logra a través de algunas tareas específicas, que principalmente son las siguientes: Provisión de dirigentes, Síntesis Programática, Educación Política y Movilización social.

Provisión de dirigentes: los partidos forman y promueven los dirigentes que van a ocupar los cargos de gobierno (u oposición) a través de diversos mecanismos como campañas políticas, elecciones internas, etc.
Programas y Síntesis Políticos: Los partidos son el ámbito natural donde se discuten y redactan los programas de gobierno. Esta función no se agota en escribir una sumatoria de proyectos. Al contrario, la importancia de esta función esta dada por el hecho de que normalmente los partidos reciben de la sociedad demandas contradictorias entre sí. Por ejemplo, los habitantes de La Rioja quieren que el Estado Nacional invierta dinero de la coparticipación en la Construcción del “Canal Federal” que lleva agua a su provincia, y en cambio los correntinos prefieren que esos fondos se destinen a ampliar la obra de Yaciretá. Otro caso sería el de la puja distributiva: los representantes sindicales siempre piden medidas que aumenten el salario obrero, mientras que los dirigentes empresariales y agropecuarios normalmente piden políticas de mayor ajuste, que llevan a una reducción del salario. ¿Cómo formular un programa político que sintetice demandas contradictorias en un proyecto único de país? Esa es la función más estrictamente mediadora de los partidos, para la que muchas veces se requiere el acuerdo de distintos partidos entre sí. Es la generación de grandes concensos políticos. A través de la función de síntesis programática que cumplen los partidos, las sociedades van procesando sus conflictos internos, prefigurando políticas de estado que las homogeneicen a favor de un progreso económico y social generalizado.

Educación Política: Tradicionalmente se ha sostenido que la formación de una cultura cívica en la ciudadanía es función de los Partidos Políticos. Sobre todo de los Partidos de Masas. Al universalizarse el sufragio, se incorporan al electorado personas de clase más baja que normalmente tienen menos educación. En la mayoría de los casos sin saber leer ni escribir. ¿Cómo convencer a esta gente para que vote a un partido? ¿Cómo explicarle cuestiones políticas a personas que carecen de las más elementales habilidades como por ejemplo saber leer, o realizar operaciones matemáticas básicas?
La ignorancia de los sectores populares nunca fue problema para los partidos conservadores que lo único que les interesaba era el voto. El engaño, el chantaje o el fraude fueron sus métodos predilectos.
Los partidos populares en cambio, para representar al pueblo, primero debieron educarlo, darle los elementos intelectuales mínimos para que la gente común pudiera decidir cuáles eran sus intereses y preferencias y encaminar la acción partidaria en este sentido. Un ejemplo de esta función podemos verla en la cantidad de bibliotecas, escuelas diarios y revistas creadas por los partidos socialistas y comunistas en todo el mundo.
Actualmente esta función fue eclipsada por los efectos de medios masivos de comunicación, reduciendo entonces la labor educativa de los partidos a la simple tarea de esclarecimiento, debate, persuasión, etc.
Movilización Social: Para equilibrar el poder de la sociedad con el poder del estado, para llevar al pueblo (al electorado) a un lugar protagónico en las repúblicas modernas, para evitar la elitización de la lucha política, es indispensable que los partidos movilicen a la sociedad en defensa de sus intereses. Sin una sociedad activada en pos de la realización de las metas que se fijó a sí misma, no hay democracia posible. La democracia implica la autonomía ciudadana, la autodeterminación. Y la autonomía supone la activación: el sujeto colectivo primero decide cuáles son sus objetivos, y luego se debe poner en marcha para lograrlos. La función de los partido políticos democráticos es apoyar e incentivar esa movilización social. A eso denominamos “Participación Política”.
Lo contrario, la pasividad popular, implica una resignación a las directivas del gobierno. Entonces el pueblo se sume en la apatía y deja abierto el juego político para que las elites dirigentes se corrompan, actúen en defensa de sus intereses elitistas, y pasen a ser percibidos por el pueblo como una clase apartada y contraria a sus intereses. En ese caso, los partidos políticos dejan de cumplir su función de mediadora para reducirse a un instrumento de defensa de los intereses privados de sus dirigentes.

Al principio dijimos que los partidos surgen junto con la lucha por el poder. Y Luego dijimos que la función del Parido Moderno es mediar entre la sociedad y el estado. Cabe preguntarse una cosa no se contradice con la otra, si lo propio de un partido político es luchar por el poder o mediar entre la sociedad y el estado. Luchar por el poder para beneficiarse individualmente con él, o representar a la sociedad en beneficio de sus representados. En verdad no hay contradicción entre un concepto y el otro. La naturaleza de todo partido, hace dos mil años y ahora, es la de luchar por el poder. Y la función de un partido político democrático moderno es llevar a cabo esa lucha por el poder a favor de la sociedad que directa o indirectamente representa. Justamente, el partido político es el mejor instrumento institucional para que los ciudadanos organizados puedan combatir a las élites corruptas enquistadas en el gobierno del estado.

Un pesimista podría retrucar que cuando un partido genuinamente democrático gana las elecciones y ocupa el gobierno, probablemente tienda a formar una nueva élite corrupta. A eso en teoría política se lo denomina “Ley de hierro de la Oligarquía”. Y se le responde con la ley de la reciprocidad: si ello ocurre, el electorado en la próxima elección les retirará su apoyo y esa elite deberá dejar su lugar a una nueva dirigencia partidaria, más representativa. Esa es la dialéctica permanente de la democracia. Y la alternancia de los partidos en el gobierno es su principal medio de expresión.

Clases de Partidos:
Existen innumerables formas de clasificar los partidos políticos. Solo vamos a detenernos en las caracterizaciones más usuales.
Izquierda - Centro - Derecha. El origen de esta clasificación es la ubicación de los diputados en la asamblea nacional de la Francia Revolucionaria, a fines del siglo XVIII. Los diputados se ubicaban en un arco en el recinto: a la izquierda los partidos revolucionarios, a la derecha los conservadores y monárquicos, y al centro los moderados o conciliadores. Esta diferenciación ha perdido utilidad últimamente. Pero a modo de orientación digamos que se consideran “de izquierda” a quienes están a favor del cambio en el sentido del progreso social (concepto excesivamente vago, desde ya). Si quieren dicho cambio de una sola vez, se los denomina de izquierda radicalizada o extrema. Si apoyan un cambio progresista gradual, evolutivo, paso a paso, se los denomina de “centro izquierda”. En cambio, quienes quieren volver al viejo órden (jerárquico, feudal, etc.) se los denomina de derecha. También se los llama reaccionarios porque son sectores que “reaccionan” de manera casi refleja contra la acción revolucionaria. La derecha también puede ser subclasificada en derecha extrema y centro derecha, según el grado de radicalización de su postura. Finalmente, se denomina centro a lo que no es ni derecha ni izquierda. El centro es conciliador, mediador, equilibrador, y sintetizador de las propuestas de la izquierda y de la derecha.
Clasificación según la base social: se trata de caracterizar al partido según la extracción social del electorado que lo vota y el tipo de intereses sociales que representan, que pueden no coincidir entre sí. Así se puede hablar de Partidos obreros (de trabajadores, proletarios, etc.) partidos burgueses, partidos de clase media, partidos oligárquicos, etc.
Cuando un partido se sustenta en el voto popular, pero defiende intereses de las clases altas, se lo denomina Populista. Emplea lo que se llama “cooptación”: hace actuar a una clase en defensa de los intereses de otra. Para lograr ese resultado se deben usar recursos propagandísticos, comunicacionales y organizacionales que encubran el verdadero objetivo de su acción. Es lo que comúnmente se denomina “demagogia”.
Partidos de Notables, de Masas y Partidos Profesional Electorales. Son tres modelos de partidos que responden a etapas diferentes del desarrollo de los Partidos Políticos Modernos. Al comienzo solo se trataba de grupos parlamentarios que tejían alianzas dentro del recinto para obtener mayoría en las decisiones o para resistir las decisiones de las mayorías. Esos parlamentarios no son otra cosa que personas notables, destacadas en su lugar de origen, normalmente de clase acomodada, con prestigio y capital propio, que usan ese capital y ese prestigio para lograr el apoyo de los electores. Las campañas tienen como contenido la discusión racional de cuestiones políticas poco comprensibles para el común de la gente. Estas ideas, llamada doctrina, se expresan por medios escritos, como libros o periódicos y están destinadas a convencer a un público relativamente reducido, dado que es bajo el porcentaje de población que vota. Una vez electo, el notable corta amarras con su electorado, no le rinde cuentas y solo se los vuelve a convocar para la siguiente elección. La organización electoral entonces entra en receso hasta la próxima campaña, y durante todo su mandato el notable, ahora legislador va a guiar su acción tan solo por su conciencia, su moral, y sus intereses.
En la medida que se universaliza el sufragio y se incorporan masas populares a las elecciones, los partidos se transforman en partidos de masas. Los primeros partidos de masas son los partidos de los nuevos sectores incorporados a la política, los partidos de las clases bajas: partidos obreros que normalmente profesan, durante el siglo XIX, la ideología obrera por excelencia: el socialismo. Estos partidos se van a dar una organización piramidal, en la que se asciende por voto y por mérito, se va a mantener una vinculación estable con sus bases, a las que se convocará a afiliarse. Como estos dirigentes representan a clases pobres, necesitan del aporte individual de cada miembro para poder solventarse, lo que a su ver redunda en un lazo fuerte y permanente entre el legislador y los afiliados que le pagaron la campaña y por lo tanto lo controlan de cerca en todo su mandato. Para llevar adelante estas tareas organizativas tanto más complejas, los afilados van a designar de entre sus miembros un conjunto de cuadros partidarios estables, profesionalizados, que vana configurar el funcionariado o burocracia partidaria. Por esta burocracia va a pasar todo el poder real del partido. Pero lo central de los partidos socialistas y comunistas, lo que los convoca a todos por igual es la ideología, que la organización debe llevar a la práctica.
La ideología se diferencia de a doctrina en que además de un discurso racional, incluye un componente emotivo irracional, y un componente sociocultural. La ideología interpela a sus votantes en un triple sentido: primero por las ideas si saben leer y escribir (y si las entienden); segundo, a través de elementos irracionales y emotivos como el afecto, la identificación con el líder, el sentido de pertenencia, el triunfalismo, etc.; y en tercer lugar , porque la ideología es siempre un reflejo, o una crítica, de la situación social que viven las clases.
De los tres, el componente sociocultural de la ideología es el más importante. Para un obrero industrial de la Europa del siglo XIX, la ideología socialista contenía todo: la explicación de las injusticias de su presente, la crítica a la explotación capitalista, la esperanza de revertir esta situación y el proyecto de una sociedad más justa. Así vista la ideología no es algo que viene de afuera al electorado. Es más bien la actitud cultural de las propias bases de los partidos. La dimensión ideológica de la sociedad es la que permite reproducir las relaciones sociales de dominación y explotación a través del imaginario colectivo. En ese sentido, la ideología es un reflejo de la situación de clase. Pero cuando los partidos socialistas mostraron las inconsistencias de la sociedad burguesa de entonces, ese mismo componente cultural se torna material crítico anticapitalista, y se vuelve contra el sistema. En este sentido, la ideología es también una crítica de la situación de clase, que promueve la revolución (transformación) del orden social vigente.
Esta, digamos, “raíz social” de la ideología es la que va a explicar por qué hasta alrededor de 1960, las clases obreras de los países capitalistas, tienden a configura identidades políticas fijas.
Cuando los partidos socialistas con su organización de masas entra en escena van a mostrar una eficacia electoral mucho mayor que los partidos de notables de origen burgués. Esto va a llevar a que los propios partidos burgueses, con el tiempo también vayan conformando una organización de masas. La máxima expresión son los partidos populistas o los partidos nazi-fascistas, que logran combinar una propuesta antisocialista con un apoyo electoral masivo.
La acción de los partidos de masas va a verse redoblada con la aparición de un nuevo medio de comunicación: la radio. Por este medio las masas pueden escuchar al líder pegado a su oreja, sentir como tose, como grita, como se enoja, como traga saliva, etc.
Un nuevo cambio organizativo va a darse a partir de la década del 70 y 80 del siglo XX. El debilitamiento de las identidades de clase, la crisis del Estado de Bienestar, y la presencia continuada de la televisión, entre otros factores, van a darle nueva organización a la acción electoral. Las campañas electorales pasan a ser complejas partidas de ajedrez entre especialistas en busca de un golpe de efecto comunicacional que aumente unas décimas la intención de voto de sus candidatos. Los candidatos tienen preeminencia en cuanto a la imagen pública del partido, pero la dirección de la campaña deja de estar en manos del partido para quedar a cargo de un grupo de técnicos (comunicólogos, sociólogos, politólogos, etc.) Los electorados ya no están divididos claramente en clases sociales como antes. La sociedad se ha fragmentado e individualizado. La identidad de clase se ha resquebrajado. El nivel educativo de la población se ha elevado. La campaña va dirigida a un electorado bastante indiferenciado que ya no acepta meras consignas, y exige ideas claras que coincidan con su opinión. Pero no se trata de ideas generales y abstractas, sino de respuestas puntuales a problemas concretos. También se los llama partido escoba o “atrapatodo”, porque trata de “meter en la bolsa” a todos los grupos de la sociedad, sin importar su origen de clase. Un partido de este tipo, ha roto amarras con sus bases, no tiene bases, se diluye la vinculación con los afiliados. Entonces el sostén económico de la organización tienen que provenir del estado, o de los grupos de interés. En definitiva, es un modelo de partido máquina, que solo busca la eficiencia electoral en base al refinamiento profesional de sus técnicos en campañas. Es un partido escindido de la sociedad, y pragmático.
En Argentina podemos ubicar al PAN , al Mitrismo, o la Unión Cívica como partidos de notables. El radicalismo Yrigoyenista es el primer intento de fundar un partido moderno de masas. Aunque el partido de masas argentino por excelencia es el peronismo desde 1945 hasta 1989. El modelo Profesional Electoral comienza a aplicarse en 1983, con la campaña Alfonsinista, y desde entonces no ha sido abandonado por los partidos mayoritarios argentinos.
Sin embargo, hoy en día también el modelo partidario profesional electoral también está siendo superado. Sobre todo en los Países centrales. La búsqueda de mayor transparencia en la relación dirigentes/ votantes, la creciente diversificación comunicativa que va teniendo lugar a través de Internet, la globalización de las políticas públicas, la crisis de representatividad de los partidos políticos, etc. van proporcionando puntos de ruptura que aunque no conforman un nuevo modelo, ponen en cuestión la eficacia de los partidos profesional electorales.

P de Notables P. de Masas P. Profesional Electoral
Papel Central El notable La burocracia partidaria Los técnicos
Lazos con los electores Solo para la elección Fuertes y permanentes Lazos débiles
Preeminencia Pública El notable La Dirección Partidaria El candidato
Financiación Patrim. Privado del notable Cuotas de afiliados Aportes estatales o de grupos
Eje convocante Doctrina, Ideas del notable La ideología Soluciones prácticas concretas
Medio Prensa Escrita Prensa – Radio - TV TV





Sistemas de Partidos

Según un criterio numérico tradicionalmente usado, los sistemas de partidos se dividen en monopartidarios, bipartidarios y multipartidarios, según que exista uno, dos o más partidos.
Si bien es cierto que la cantidad de partidos es un elemento que condiciona fuertemente la dinámica política de un sistema, en algunos casos sistemas muy diferentes pueden entrar en la misma categoría. Más allá de la dificultad de contar cuantos partidos existen realmente en cada sistema.

Por eso Sartori elaboró una clasificación más acabada, en la que agrega una segunda variable: la distancia ideológica entre los partidos. Según este politólogo, los partidos cuentan cuando tiene capacidad de formar coalisiones de gobierno (dá por supuesto un régimen parlamentario) o cuando tiene capacidad de chantaje, es decir, una presencia tal como partido antisistema que obliga a los demás partidos a coaligarse para que éste no alcance el gobierno.
Cuando habla de Partidos Antisistema se refiere a organizaciones que se proponen alcanzar el poder para cambiar el sistema por uno distinto (Ej: Comunistas y Fascistas). El caso tenido en vista por Sartori es básicamente el de su país, Italia, desde el fin de la 2º Guerra Mundial, hasta la Caída del Muro de Berlín. El principal efecto de la existencia de un partido antisistema es que los demás partidos se alían para evitar su triunfo. Pero cuando existen dos partidos antisistema contrarios la competencia se altera sustancialmente, dando una dinámica multipolar, que lleva al desgaste y colapso del régimen. Sartori denomina a esta dinámica “competencia centrífuga” porque se compite por conquistar el voto de los electorados extremos, es decir, se radicaliza el discurso. Se dice que existen oposiciones bilaterales: los moderados de centro tienen que luchar tanto hacia la derecha como hacia la izquierda, lo que lleva a su desgaste, y al triunfo de uno de los dos extremos, con la consiguiente caída del sistema.
Sartori divide además el unipartidismo en tres suptipos:
a) Sistemas de Partido Unico: cuando por ley se permite la existencia de un solo Partido Político (Ej: Cuba y China actuales)
b) Sistemas de Partido Hegemónico: cuando se permite la existencia de otros partidos, pero no se les permite acceder al poder. Ej.: Polonia desde 1945 a 1989.
c) Sistemas de Partido Predominante: Está permitida la competencia partidaria, existen otros partidos, pero no cuentan, dado que nunca llegan al gobierno, ni forman coaliciones gubernamentales, ni tienen capacidad de Chantaje. (Ej: México hasta 1990 aproximadamente).
d) El bipartidismo lo mantiene como categoría autónoma, caracterizada por el hecho de que solo cuentan dos partidos que se alternan en el ejercicio del poder. (Ej..: Gran Bretaña, y EEUU)
El multipartidismo lo subdivide en varias categorías, según la cantidad de partidos y según la dinámica bipolar o multipolar de la lucha.
e) Multipartidismo moderado o limitado: cuando existen de tres a cinco partidos, todos ellos moderados, o de centro ( partidos dentro del sistema). (EJ: Francia , Alemania desde 1945) Predomina una dinámica centrípeta.
f) Multipartidismo extremo o polarizado: cuando existen más de cinco partidos, o existen oposiciones bilaterales (es decir, dos partidos antisistema). Este subtipo lleva al colapso del sistema. Los ejemplos típicos son el de Chile desde fines de los 60 hasta el golpe del 73, y la República de Weimar.
g) Atomizado: cuando existen más de siete partidos. Denota la inmadurez del sistema de partidos (Ej. Bolivia actual).


Crisis de Representatividad de los Partidos Políticos.
Desde hace ya unos diez años, los dirigentes partidarios, no solo de Argentina, sino, en mayor o menor grado, de todos los países del mundo, se encuentran bajo sospecha. Se los acusa de defender sus intereses privados, de enriquecerse ilegalmente con los cargos públicos, de hacer negociados a espaldas de la gente, de haber olvidado sus principios y haberse encaramado en una lucha ciega por el poder, etc.
Los políticos están en la Televisión todos los días y son el malo de la película.
Decimos que esto es una crisis de representatividad porque implica que los dirigentes partidarios han dejado de cumplir su función de representación, y su única tarea mediadora se ve reducida a generar concenso social para imponer las medidas del gobierno, de las que se sospecha, serán los únicos beneficiados. La clase dirigente ha quedado desconectada de la sociedad.
Lejos quedó aquel modelo de partido piramidal, en que los dirigentes representan a las bases y las bases se sienten dueñas del partido. Es que ya casi no existen identidades sociales automáticas como las que otrora beneficiaron el crecimiento del socialismo y el comunismo.
La sociedad ha cambiado y los partidos no han encontrado la forma de adaptarse a ese cambio. Por eso han dejado de representarla.
O al revés: La sociedad ha cambiado y no ha encontrado la forma de crearse sus nuevos partidos que le sirvan de instrumento para autogobernarse.
Mientras tanto alguien tiene que seguir manejando el estado. Y quién lo va a hacer sino los que lo manejaban hasta ahora, los dirigentes de los viejos partidos, que permanecen como instituciones, pero cuya representatividad se ha perdido.
Mucho se ha escrito sobre las causas de esta crisis de representatividad. Vamos a repasarlo.
La postura más vulgar del común de la gente sostiene, con acierto, que las estructuras partidarias están corrompidas. Que los partidos son poco menos que bandas de delincuentes, que solo hacen política para obtener beneficios particulares, y que esas estructuras reproducen su propia supervivencia. Si bien la descripción puede ser bastante cierta, la profundización del tema ha llevado a los cientistas sociales a analizar otras razones.
Los medios masivos de comunicación han ganado el centro de la escena y han desplazado a los políticos. Los medios masivos se han extendido tanto que muestran impúdicamente hasta los resquicios más íntimos de la vida privada de los famosos, entre ellos los políticos. Desde entonces los dirigentes pierden toda sacralidad y pasan, al contrario, a ser objeto de desprecio (y de envidia).
Los medios de comunicación tienden a transformar la noticia en espectáculo, porque el show vende más que el análisis. Entonces la política se pone maquillaje y sale a escena al lado de los cómicos y las vedettes. La política se faranduliza sin que los dirigentes partidarios puedan evitarlo. Entonces ¿Quién puede creerle a semejantes figuras telepolíticas?
Del lado de la sociedad, se recuerda que las clases sociales como conjuntos colectivos se han desdibujados en un sinnumero de casilleros imposibles de unificar. Los grandes colectivos se han particularizado. Ya no se es simplemente obrero, campesino, etc. Ahora pesan más otras inserciones como el deporte, el género, la pertenencia a grupos particularizados como los homosexuales, los enfermos de sida, las minorías indígenas, etc. Reivindicaciones parciales como la ecología o el feminismo, también han cobrado impulso a costa de las identidades de clase. En definitiva, la sociedad ha cambiado tanto que la situación social de origen no genera una ideología uniforme y por lo tanto la fórmula organizativa que la contenía (partidos de masa) pierde toda eficacia.
El mayor nivel educativo de la población y la propensión de los medios a criticar también aportan su cuota al descrédito general. A una población más educada no se la convence con propuestas simples. Y para cada grupo particular se necesita una propuesta diferente ¿Cómo sintetizar a cada uno en una propuesta homogénea? Por otro lado, es sabido que las buenas noticias, para los medios no son noticia. Vende lo que salió mal. Por eso desde los medios masivos lo que se difunde es sobre todo la crítica de la política ¿Cómo construir propuestas entonces?
La globalización ha llevado a la imposición de un conjunto de medidas de ajuste que se aplicaron uniformemente en todos los países, sin que la clase dirigente de los estados nacionales haya encontrado alternativas políticas viables. Los dirigentes locales entonces quedaron con las manos atadas (En Argentina “autoatadas”). Quedaron con la responsabilidad de gobernar lo que no pudieron o no supieron gobernar, lo que sumó unos puntos más a su descrédito.
La actitud antipolítica despacha rápidamente todos estos argumentos y trata de simplificar el problema: la culpa es de los políticos que son ambiciosos y deshonestos. Todo lo que habría que hacer es cambiarlos por unos políticos honestos y buenos. Pero como eso no los parece posible porque –dicen- “todos los políticos son iguales”, entonces el problema no tiene solución. Cambian de canal, ponen TYC Sports y que se arreglen.
Parece irresponsable ver la crisis de representatividad de esta forma. Hay que ver las dos caras de la moneda. Los partidos están entre medio de la clase dirigente y el resto de la sociedad. Si se cortó el vínculo entre ambos, la responsabilidad es de los dos. Pero como el gobierno del estado está colonizado por la clase dirigente que gobierna en su propio beneficio, no puede esperarse que la solución provenga de ese lado.
En definitiva es la propia sociedad civil la que debe auto organizarse nuevamente para reconquistar en su favor el poder del estado. Esta “nueva organización” será la que genere un nuevo modelo de partido que sustituya a los hoy vigentes. Se ven florecer críticas responsables a los partidos políticos. En argentina por ejemplo existe un claro planteo de cómo financiar la actividad partidaria o de cómo modificar el régimen electoral de modo que sea más representativo. También se observan nuevos ámbitos de organización que en algún momento deberán renovar la función de mediación. La expansión de la política virtual vía internet y los nuevos poderes virtuales emergentes pueden ser una alternativa. Las múltiples organizaciones de los nuevos grupos particularizados de la sociedad deberán en algún momento converger en la asunción de responsabilidades políticas de mediación.
Pero no quiero llegar tan lejos con el tema. Nos es función de este curso esclarecer anticipadamente las formas organizativas de la política del futuro. Baste por ahora tener presente que son múltiples los factores institucionales, sociales, mediáticos, políticos, y económicos que llevaron a la crisis de representatividad actual de los Partidos. Aquí estamos ¿Qué hacemos?
Raúl. 22.2.00