Trabajo Grupal sobre
Democracia Participativa.
“La imagen de la comuna de París recorre sin lugar a dudas la historia de los diferentes levantamientos populares que han sacudido la argentina de los 90. Ciertamente, la experiencia de Cutral-Co en 1996 marcó el inicio de una fuerte dinámica asamblearia que prontamente retomarán otras grandes movilizaciones del período (Tartagal- Moscón, Jujuy, Corrientes) se expresará luego en determinados formatos organizativos dentro de las estructuras de los grupos piqueteros y encontrará, por último, una nueva inflexión en el proceso asambleario iniciado en la Capital Federal y otros lugares del país a partir de diciembre de 2001. Un nuevo ciclo político que se abre entonces en las lejanas localidades del sur, en la ruta nacional 22, con una única consigna, “¡Que venga Sapag!” y que, de alguna manera, se cierra en Plaza de Mayo y en el Congreso Nacional, en los centros mismos del Poder ejecutivo y Legislativo, con una multitud que corea la consigna “¡Que se vayan todos!”.
La distancia entre una consigna y otra nos marca a las claras el proceso creciente de disociación entre el sistema político y las formas autoorganizadas de lo social acaecido en la Argentina. Pues si la consigna de las ciudades petroleras anunciaba la ruptura de las mediaciones, no implicaba por ello el cuestionamiento del principio mismo de representación política. El grito indicaba una demanda de negociación directa con la autoridad máxima, el gobernador de la provincia. La Crisis y desaparición vertiginosa de los marcos sociales y económicos de los dos pueblos había originado un proceso inédito de desestructuración. Expulsados, los individuos habían encontrado un nuevo anclaje comunitario en el discurso de “reparación histórica”. Así, lo que el pueblo pedía, reunido en asambleas, junto a los numerosos piquetes que cortaban la ruta, no era otra cosa que recrear un nuevo pacto social. En cambio, la consigna que atraviesa la garganta en medio del ruido de las cacerolas, a partir de diciembre de 2001, pone de manifiesto el rechazo del principio mismo de representación política. La multitud no pide por nadie, más bien, exige sin más el retiro de los representantes políticos. Anuncia entonces el final de un contrato social, que coincide, claro está, con el colapso del modelo de la convertibilidad, que había comenzado con la liquidación de los eslabones más débiles.
…
En suma, la experiencia asamblearia, a través de las formas de la democracia directa, va a extenderse al conjunto de las organizaciones piqueteros. Esta constituye sin duda un elemento distintivo, no tanto por lo novedoso en si (lo cual es discutible) sino más bien por la relevancia que adquieren las prácticas ligadas a la democracia directa, que se extiende desde la organización barrial hasta los cortes de ruta. Naturalmente, el tipo y el grado de cristalizacion del modelo asambleario en los distintos espacios de acción está relacionado directamente con la lógica de construcción política de cada corriente.”
Extraído de Maristella Svampa/ Sebastián Pereyra “Entra la ruta y el Barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteros.” Editorial biblos. Segunda edición. Buenos Aires, Agosto de 2004.
Cuestionario de interpretación:
1) ¿A qué denominan los autores “dinámica asamblearia” y por qué la consideran una práctica “ligada a la democracia directa”?
2) ¿Por qué se da, según los autores un creciente distanciamiento entre el sistema institucional y las formas autoorganizdas de lo social?
3) ¿Qué diferencia han entre pedir “Que venga Sapag” a pedir “Que se vayan todos”?
4) ¿Contra qué modelo económico surgen estos dos movimientos asamblearios y cómo influye éste en su surgimiento?
5) ¿En qué situaciones aplican los grupos piqueteros la democracia directa, según los autores? ¿Qué consecuencias tiene el estilo asambleario de los grupos piqueteros, respecto de la acción barrial y de la acción política?
6) ¿Tiene un contenido económico el estilo asambleario que refieren los autores?
Democracia Participativa.
“La imagen de la comuna de París recorre sin lugar a dudas la historia de los diferentes levantamientos populares que han sacudido la argentina de los 90. Ciertamente, la experiencia de Cutral-Co en 1996 marcó el inicio de una fuerte dinámica asamblearia que prontamente retomarán otras grandes movilizaciones del período (Tartagal- Moscón, Jujuy, Corrientes) se expresará luego en determinados formatos organizativos dentro de las estructuras de los grupos piqueteros y encontrará, por último, una nueva inflexión en el proceso asambleario iniciado en la Capital Federal y otros lugares del país a partir de diciembre de 2001. Un nuevo ciclo político que se abre entonces en las lejanas localidades del sur, en la ruta nacional 22, con una única consigna, “¡Que venga Sapag!” y que, de alguna manera, se cierra en Plaza de Mayo y en el Congreso Nacional, en los centros mismos del Poder ejecutivo y Legislativo, con una multitud que corea la consigna “¡Que se vayan todos!”.
La distancia entre una consigna y otra nos marca a las claras el proceso creciente de disociación entre el sistema político y las formas autoorganizadas de lo social acaecido en la Argentina. Pues si la consigna de las ciudades petroleras anunciaba la ruptura de las mediaciones, no implicaba por ello el cuestionamiento del principio mismo de representación política. El grito indicaba una demanda de negociación directa con la autoridad máxima, el gobernador de la provincia. La Crisis y desaparición vertiginosa de los marcos sociales y económicos de los dos pueblos había originado un proceso inédito de desestructuración. Expulsados, los individuos habían encontrado un nuevo anclaje comunitario en el discurso de “reparación histórica”. Así, lo que el pueblo pedía, reunido en asambleas, junto a los numerosos piquetes que cortaban la ruta, no era otra cosa que recrear un nuevo pacto social. En cambio, la consigna que atraviesa la garganta en medio del ruido de las cacerolas, a partir de diciembre de 2001, pone de manifiesto el rechazo del principio mismo de representación política. La multitud no pide por nadie, más bien, exige sin más el retiro de los representantes políticos. Anuncia entonces el final de un contrato social, que coincide, claro está, con el colapso del modelo de la convertibilidad, que había comenzado con la liquidación de los eslabones más débiles.
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En suma, la experiencia asamblearia, a través de las formas de la democracia directa, va a extenderse al conjunto de las organizaciones piqueteros. Esta constituye sin duda un elemento distintivo, no tanto por lo novedoso en si (lo cual es discutible) sino más bien por la relevancia que adquieren las prácticas ligadas a la democracia directa, que se extiende desde la organización barrial hasta los cortes de ruta. Naturalmente, el tipo y el grado de cristalizacion del modelo asambleario en los distintos espacios de acción está relacionado directamente con la lógica de construcción política de cada corriente.”
Extraído de Maristella Svampa/ Sebastián Pereyra “Entra la ruta y el Barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteros.” Editorial biblos. Segunda edición. Buenos Aires, Agosto de 2004.
Cuestionario de interpretación:
1) ¿A qué denominan los autores “dinámica asamblearia” y por qué la consideran una práctica “ligada a la democracia directa”?
2) ¿Por qué se da, según los autores un creciente distanciamiento entre el sistema institucional y las formas autoorganizdas de lo social?
3) ¿Qué diferencia han entre pedir “Que venga Sapag” a pedir “Que se vayan todos”?
4) ¿Contra qué modelo económico surgen estos dos movimientos asamblearios y cómo influye éste en su surgimiento?
5) ¿En qué situaciones aplican los grupos piqueteros la democracia directa, según los autores? ¿Qué consecuencias tiene el estilo asambleario de los grupos piqueteros, respecto de la acción barrial y de la acción política?
6) ¿Tiene un contenido económico el estilo asambleario que refieren los autores?