jueves, 31 de marzo de 2011

programa 2011


PROGRAMA

Unidad 1: Política. Poder. La política y el Estado. Antipolítica.

Unidad 2: Estado. Concepto. Elementos. El estado en el feudalismo. Estado Absolutista. Estado Liberal: características y funciones, contestación obrera, Imperialismo y dependencia. El estado de Bienestar: concepto, función. Crisis del Estado de Bienestar. El modelo neoliberal. Modelo Alternativo. Corrupción. Lucha anticorrupción.

Unidad 3: Democracia. Democracia Directa. Democracia Representativa. Elitización. La crítica radical: Democracia Popular Revolucionaria. Democracia y estado de bienestar. Formas semidirectas de democracia. Democracia Participativa. Autonomía y Democracia.

Unidad 4: Gobierno. Concepto. Federalismo y Unitarismo. Clasificaciones tradicionales de las formas de Gobierno. Estado de Derecho. Parlamentarismo. Presidencialismo. Formas mixtas. Gobierno de Asamblea.

Unidad 5: Mediación Política. Concepto. Grupos y Organizaciones. Grupos de Opinión, de Interés y de Presión. ONGs, Lobby. Partidos Políticos. Concepto. Elementos. Surgimiento de los Partidos Políticos Modernos. Funciones. Clases de Partidos. Sistemas de Partidos. Crisis de Representatividad.

Unidad 6: Elecciones. Sufragio: concepto, art. 37 de la Constitución Nacional. Sistemas Electorales. Vicisitudes del Sistema Proporcional. Elección Presidencial. Elecciones Partidarias. Cómo se vota en Argentina. Las formas más usuales de fraude y su prevención.

Unidad 7. Opinión Pública. Diversos conceptos de Opinión Pública. El poder de los medios: Teoría de los efectos poderosos; teoría de los efectos limitados; teoría de los efectos cognitivos. Comunicación en la era global. Campañas electorales.

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miércoles, 9 de marzo de 2011

Elecciones

Sufragio y Regímenes Electorales.



Hasta ahora hemos hablado de lo que significa el poder y la política, de cómo se estructura el estado, de qué alternativas hay para organizar el gobierno, y de cómo se conecta la sociedad con el estado a través de los partidos. Hemos revisado las distintas formas de concebir la democracia, y nos hemos planteado variadas cuestiones sobre las problemáticas actuales de la política.
Ahora bien, todo este recorrido discursivo de la ciencia política no tendría sentido si no encontráramos mecanismos concretos para traducir la voluntad popular en un gobierno popular. La aplicación práctica de la teoría democrática requiere de una forma práctica de traducir en los hechos el principio de representación política. La voluntad popular se expresa en votos, y los votos se traducen en cargos. Pero ¿Cómo se traducen los votos en cargos? Esa es la principal cuestión objeto de estudio de este capítulo.
La principal, pero no la única. La práctica cívica y la práctica política más específicamente muestra que aún las personas iniciadas en el estudio de estos temas, carecen de los conocimientos elementales para encarar los problemas que se suscitan en los actos electorales. Y no parece que éste sea un conocimiento poco importante. Cualquiera que haya presenciado la preparación de la elección interna de un sindicato o de un partido político en Argentina, se dará cuenta que existen vastos conocimientos acuñados por la “maña” política, al que el común de los “politólogos” y “juristas” aún no han llegado.
Por eso, vamos a completar el estudio de la temática electoral con una sucinta descripción de la mecánica de un acto comicial según el código electoral vigente, y de las formas más usuales de fraude.

Sufragio.
La teoría de la democracia representativa supone la existencia de una voluntad popular, que vendría a ser algo así como la sumatoria de las voluntades de los electores. Cuando vamos a la aplicación práctica de este concepto, lo único concreto que tenemos es que la gente, habilitada para ello, vota por tal o cual propuesta de las cuestiones puntuales que se le presentan: un si o un no en un plebiscito, una lista u otra en una elección, un candidato u otro en un Balotaje. Así, el Sufragio es una manifestación de voluntad individual, expresada por un medio formal, que tiene por objeto concurrir a la formación de la voluntad colectiva, con el fin de elegir representantes en el gobierno, o de decidir una cuestión política dada. O dicho de otro modo: el sufragio es la mínima unidad de medida de la voluntad popular.
El art. 37 de nuestra Constitución Nacional establece que “El sufragio es universal, igual, secreto y obligatorio”. Se denomina universal, cuando se acuerda a todos los individuos en general, con la única condición de la edad y la nacionalidad. Al contrario, se denomina calificado, cuando se exige una característica determinada para poder votar (Ej: tener determinado capital, o cierto grado de formación educativa). Sufragio igual implica que el voto de cualquier ciudadano vale igual que el de otro, sin importar el lugar que éstos ocupan en la sociedad. Sufragio secreto quiere decir que debe garantizarse que de ningún modo pueda averiguarse qué opción votó cada persona. Obligatorio significa que nadie tiene permitido optar por no ir a votar -lo que no impide que pueda votar en blanco-. La obligatoriedad del voto tiene como fundamento la necesidad, para un sistema democrático, de que el pueblo se exprese. Si el pueblo no se expresa no se puede formar la voluntad popular, y por lo tanto la representación política no es posible.
Corresponde agregar que el sufragio es un acto formal en cuanto solo es válido si se emite por los medios oficialmente previstos para ello. Ej. Si un elector quiere manifestar su voluntad a favor de un candidato, solo lo puede hacer mediante la boleta oficializada. Si en cambio pusiera en el sobre de votación una carta donde expresa su apoyo al mismo candidato, por más que se entienda que lo apoya, el voto no vale, porque solo está aceptado votar mediante las mencionadas boletas.

Sistemas Electorales.
Los sistemas electorales, o más específicamente la fórmula electoral, son el modo de traducir los votos en cargos. Puede a primera vista parecer sencillo: los cargos de gobierno los deben ocupar las personas elegidas por el electorado. Pero a poco andar surgen múltiples problemas. ¿Se debe respetar la proporcionalidad de las opciones del electorado? ¿De qué manera? ¿No será preferible otorgarle todo el poder al partido más votado? ¿Hasta que punto es democrático darle poder a la minoría, que después va a obstaculizar la labor de gobierno de los candidatos elegidos por la mayoría? ¿Los candidatos representan a sus electores o al partido que los postula? ¿O representan a la población del territorio que los eligió solamente? ¿Es conveniente la lista sábana? ¿Con qué porcentaje consideramos que un partido sacó mayoría? ¿Basta con ser el más votado, o hay que tener la mitad más uno de los votos, o una mayoría calificada mayor? Debe recordarse además que en los regímenes presidenciales, el poder ejecutivo es unipersonal, y no es pasible de proporcionalidad ninguna.
Los distintos sistemas electorales posibles tienden a responder a algunas de esas preguntas. Veamos. Los sistemas electorales más comunes son los siguientes:

Lista Completa: se atribuyen todos los cargos a la lista más votada sin importar el porcentaje de votos que obtuvo (es decir, aunque no haya alcanzado siquiera la mitad de los sufragios). Es el sistema utilizado en la mayoría de los sindicatos argentinos.

Lista incompleta: Se vota por una lista que tiene una cantidad de candidatos equivalente a una proporción del total de cargos a cubrir (Ej.: 2/3). La lista que obtiene más votos (simple pluralidad, aunque no llegue al 50 %) se lleva el primer segmento mayoritario cargos (ej: 2/3) y las que le siguen en votos se quedan con proporciones predeterminadas menores (ej: 1/3). Las demás listas no obtienen bancas. Es el sistema de la Ley Saenz Peña, vigente desde 1912 hasta mitad del siglo XX en Argentina.

Tachas: Se vota por sistema proporcional o por lista incompleta, pero se pueden tachar los nombres de los candidatos no deseados, que de alcanzar un número de tachas estipulado serán eliminados en la distribución de cargos. En algunos sistemas se permitió incluso agregar nombres de otras listas. En Argentina se lo conoció como “Borratina”

Uninominal. Se divide el territorio en tantas circunscripciones como cargos haya para cubrir. Luego, cada circunscripción elige un solo candidato. Se aplica en Inglaterra.

Proporcional (Lista Sábana): Cada provincia o distrito vota por una lista que tiene una cantidad de candidatos igual a la cantidad de cargos a cubrir. Luego los cargos se distribuyen en proporción al número de votos obtenido, según el órden de los candidatos en las listas. Se aplica actualmente en Argentina.

Mixto: Parte de los cargos se cubre por el sistema uninominal y parte por el proporcional. Se aplica en Italia después del “Mani pulite”, y también en Alemania.


Visicitudes del Sistema Proporcional.
Indudablemente, el sistema proporcional parece el más adecuado para traducir fielmente los votos en cargos. Se diría: a tal porcentaje de votos, igual porcentaje de cargos. Pero no es tan sencillo el asunto.

a) Cómo Repartir.
La cantidad de cargos son unidades enteras, y los porcentajes de votos no. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires se eligen 35 diputados nacionales, y un partido obtuvo el 10,53 % de los votos ¿Cuántas bancas le corresponden?
Según el sistema del cociente, se debe dividir el total de votos válidos por la cantidad de bancas, y ese cociente opera como cifra repartidora. Evidentemente, quedará un número de bancas sin asignar, para las cuales hay dos criterios de distribución:
Mayor residuo: se asignan a los partidos que tengan mayor cantidad de votos excedentes luego de descontados los cocientes por la cantidad de bancas enteras ya asignadas.
Asignación al ganador: se asignan todas las bancas sobrantes al partido más votado.
Sistema D’Hondt: Se divide la cantidad de votos obtenidos por cada lista sucesivamente por uno, por dos, por tres, y así sucesivamente hasta llegar al número de bancas en disputa. Los resultados obtenidos de la división de votos de cada partido se ubican en un cuadro único, de doble entrada. Y luego se van tachando los mayores resultados, ordenadamente, hasta tachar tantos resultados como bancas en disputa haya. El último resultado tachado sirve de cifra repartidora, y no quedan residuos.

b) Resquebrajamiento del Poder.
Se argumenta contra el sistema proporcional que divide el poder entre los partidos, y por lo tanto lo debilita, llevando a la constitución de gobiernos débiles, y oposiciones fuertes que disminuyen la eficacia del sistema político. Para evitarlo se suelen aconsejar distintos remedios que aumentan la cantidad de cargos de los partidos más votados:
Contar solo votos positivos: Si se respetara la proporcionalidad estrictamente, en los parlamentos se deberían asignar bancas, de alguna manera, a las porciones de electorado que se abstuvieron de votar, a los que votaron en blanco, o a los que anularon su voto. La ley que establece el “diputado por un día” tiende a llenar este vacío. Pero normalmente estos “no votos” no se cuentan en el reparto de bancas, de modo que todos estos votantes abstenidos, o fallidos, no entran en la cuenta de reparto de bancas. Son el verdadero voto perdido.
Umbral: Se fija un porcentaje mínimo para acceder al parlamento. En los sistema D’Hondt y de cociente, el umbral es implícito. En otros sistemas, se exige un umbral aún más alto. Por ejemplo en Alemania, el umbral es el 5 %. Es decir, que se excluye de la cuenta de reparto de bancas a todos los que obtuvieron menos que el umbral.
El criterio de asignación de residuo al más votado tiende a reforzar el poder de éste por encima de los votos que obtuvo.
Del mismo modo, lo sistemas de lista completa e incompleta, también tienden a sobrerrepresentar a las mayorías a fin de favorecer la unidad del poder.

c) ¿Qué hay debajo de la sábana?.
En la Argentina actual el sistema proporcional, denominado despectivamente “lista sábana”, ha caído en un gran desprestigio. Se le reprocha que la lista de candidatos encubre personajes indeseables en los puestos más retrasados, que no serían votados por el electorado si encabezaran la lista. Ocurre que en las elecciones legislativas, la campaña es encabezada por los tres o cuatro candidatos ubicados en primer término –que normalmente tienen el acceso a su banca asegurado-. Pero en caso de ganar la elección, obtienen bancas los personajes ubicados en lugares relegados (Ej. Candidato a diputado nº 20 en la Pcia. de Buenos Aires), que nadie conoce. Más aún, aprovechando este desconocimiento que la “sábana” encubre, se acusa a las dirigencias partidarias de “vender” las candidaturas a cambio de aportes económicos a la campaña u otros favores. El caso más conocido es el del Diputado menemista Samid, o del Diputado Pierri, elegidos por la Provincia de Buenos Aires
Para superar este problema del desconocimiento, suele sostenerse que mejor sería cambiar el sistema proporcional por el de circunscripciones uninominales. Este sistema tiene la ventaja que cada territorio conoce personalmente al legislador que elige y puede hacerle un seguimiento cotidiano de su desenvolvimiento patrimonial. Por ejemplo, si Villa Ballester Oeste eligiera un concejal por el barrio podría asegurarse un conocimiento directo del mismo.
La crítica que se hace a estos sistemas uninominales es que rompen con la proporcionalidad, porque los votos de los candidatos que no ganaron quedan sin ninguna representación. No solo se rompe la proporcionalidad, sino que se impide la presencia legislativa de fuerzas minoritarias. Así, los partidos que suelen obtener minorías estables del 10 o 15 %, pero que no son mayoría en ninguna circunscripción, no obtendrían bancas. Ej.: La UCE en la Pcia. de Bs. As, Nueva Dirigencia, o la APR en la Capital Federal, o el PDP y el PSP en Santa Fe.
Para combinar los beneficios de ambos sistemas, el proporcional y el uninominal, muchos países han avanzado en la configuración de sistemas mixtos: parte de las bancas se asignan por sistema uninominal, y una parte por sistema proporcional. Pero estos sistemas pueden también ser objetados en cuanto lo que hacen es morigerar los defectos de ambos, sin eliminar los problemas que implican. En fin, el debate sigue abierto.

Elección Presidencial.
Cuando elección se refiere a cargos ejecutivos en regímenes presidenciales, la cuestión se complica aún más. Este problema no se plantea en los regímenes parlamentarios porque el gabinete es elegido de entre sus miembros, por el parlamento, depositario de la representación popular. Pero en los regímenes presidenciales el presidente es elegido directamente por el pueblo, y el cargo es unipersonal. El presidente electo, en el mejor de los casos, será el que elija la mayoría. Y la minoría quedará sin representación. ¿Cómo consagrar un presidente que, sin ser del gusto de todo el electorado, sea suficientemente representativo? A continuación vamos a ver los distintos modos de elección del ejecutivo en los regímenes presidenciales:

Elección directa o Indirecta. Se dice que hay elección directa cuando lo que vota cada ciudadano, es al candidato directamente. Se requiere que todo el territorio sea un distrito único. Es el caso de Argentina desde 1994. En cambio la elección es indirecta cuando lo que vota el electorado son representantes que se van a reunir en lo que se llama “colegio electoral”, y va a ser luego el colegio, el que por mayoría elija al presidente. En el Colegio Electoral pueden darse alianzas entre partidos minoritarios que superen al partido más votado. El territorio puede dividirse en una pluralidad de circunscripciones en la cuales puede requerirse distinta cantidad de votos para consagrar un elector al colegio. El sistema indirecto era el establecido en la Constitución nacional de 1853/60. Entonces, para asignar un elector por la Provincia de Buenos Aires se necesitaban 70 u 80 mil votos. En cambio para consagrarlo por una provincia del interior, solía alcanzar con 20 o 30 mil votos. Como resultado del sistema indirecto de elección, era perfectamente previsible que fuera consagrado presidente un candidato que había salido segundo o tercero en cantidad de votos a nivel nacional. La elección indirecta también puede usarse para designar legisladores. Era el sistema previsto en la Constitución de 1853-60 para elegir los senadores nacionales, que debían ser designados por las legislaturas provinciales.

Elección a simple pluralidad o a doble vuelta.
También es importante distinguir si para elegir al titular del Ejecutivo (Presidente, Gobernador, intendente, etc.) hace falta que el partido más votado alcance o no un determinado porcentaje. Puede ocurrir como en la Provincia de Buenos Aires, que para ser electo baste con haber resultado el más votado (simple mayoría), aunque no se alcance el 50 % de los votos (mayoría absoluta).
El Balotaje o segunda vuelta, es una segunda elección, que se realiza entre los dos candidatos más votados cuando en la primera vuelta ninguno obtuvo mayoría absoluta.

El caso Argentino.
El sentido del Balotaje es el de dotar al presidente electo del mayor consenso posible. Si no llegó al 50 % en la primera vuelta, cabe la hipótesis de que todos los que no lo votaron están en su contra, y prefieran como mal menor a otro candidato antes que a él. Por eso, para garantizar un relativo apoyo mayoritario, se llama a la segunda vuelta entre los dos más votados, para que el electorado elija. El límite lógico entonces siempre es la configuración de una mayoría del 50 %, en la primera o en la segunda vuelta.
Pero en Argentina los números son diferentes. A fines de 1993, se realizó un acuerdo, llamado Pacto de Olivos, entre el entonces Presidente Menem (Justicialista) y el ex presidente Alfonsín (Radical) que fijó los términos de la reforma constitucional de 1994. Esta reforma, al igual que el pacto establecieron que si el candidato a presidente más votado en la primera vuelta alcanzaba el 45 % de los votos, queda automáticamente consagrado (art. 97 de la CN). Es decir, que en Argentina, la mayoría absoluta para una elección presidencial es cinco puntos menos de lo que la matemática indica. Más aún, si el ganador no llega al 45 % pero tiene más del 40 %, y una diferencia de 10 % respecto del segundo, también queda consagrado ganador sin necesidad de segunda vuelta (art. 98 CN). Hasta ahora en la Argentina nunca hubo Balotaje para una elección presidencial.

Elecciones Partidarias.
Un tema aparte es la forma en que una persona llega a postulase como candidato en una elección general. Vamos a hacer un recorrido de las principales alternativas.

Candidaturas Independientes.
Consiste en permitir a cualquier persona presentarse como candidato sin requisito alguno, o con requisitos mínimos, sin exigirle que lo postule un partido político. Permite una llegada más rápida de los “outsider” a la política. Es el camino más directo para acceda a cargos de gobierno una persona que ha ganado su fama en otras actividades, por ejemplo un cantante. En Argentina las candidaturas independientes están prohibidas. Los partidos tienen el monopolio de las candidaturas. Los “outsiders” que actualmente han llegado a puestos de Gobierno (Ej.: Reutemann, Pinky, Sciolli) lo han hecho por la vía de los partidos políticos.

Ley de Lemas.
Es el sistema que rigió en Uruguay hasta hace pocos años. Actualmente rige en Santa Fe y otras provincias argentinas. Solo los partidos pueden presentar candidaturas, pero no tienen elecciones internas separadas. Cada lista presenta su propio sub-lema en la elección general. Así, en el cuarto oscuro, el sufragante se encuentra con boletas de todas los partidos, de todas las corrientes internas, de las cuales solo puede elegir una. Es decir que al votar elige al mismo tiempo el partido y la corriente interna. Luego los votos obtenidos por los candidatos de los sub-lemas menos votados se suman como votos del lema partidario a favor del sub-lema más votado. Así en Santa Fe, para las elecciones de Gobernador, normalmente el candidato más votado suele ser un radical, porque la UCR no presenta sub-lemas. Pero las elecciones las gana el Juscialismo dado que la suma de sus sub-lemas es mayor que la de la UCR (actualmente Alianza UCR – PSP).

Internas Abiertas Simultáneas (Primarias).
Es un sistema utilizado en muchos estados de EEUU. Se consagra un día para las elecciones internas de todos los partidos políticos. Votan todos con el padrón nacional (no hay padrón de afiliados). Usan el mismo cuarto oscuro en el que se colocan boletas de todos los partidos y de todas las corrientes. Usan las mismas mesas electorales, la misma urna, y el mismo escrutinio. Las autoridades de mesa son designadas por la Justicia Electoral. Es uno de los sistemas que mejor garantiza la participación masiva y transparente del electorado. Esto perjudica las “máquinas partidarias” preparadas para las internas tradicionales. Justamente por eso no ha podido ser implementado en Argentina.

Internas de Afiliados o Cerradas.
Son las que actualmente rigen como sistema básico en Argentina. Son afiliados los ciudadanos que firmaron su “ficha de afiliación”. Cada partido tiene un conjunto de afiliados anotados en su padrón electoral. Esos son los únicos habilitados para votar. Las autoridades partidarias (oficialismo) tiene la facultad de designar la junta electoral que –supuestamente- debe velar por la trasnparencia del comicio. Esta junta designa los presidentes de mesa y lleva adelante el comicio.
El reducido número de votantes, el sistema de “fichas”, y el “autocontrol” que se le otorga a las dirigencias partidarias, ha generado lo que se llaman “maquinarias partidarias”. Son organizaciones internas que se dan en los partidos políticos, que le permiten quedarse con el poder interno de la organización. En cada barrio existen los denominados “punteros” que juntan “fichas” de personas “supuestamente” afiliadas. Estos punteros se atribuyen la capacidad de “mover” a “su” gente (la que figura en las fichas”) el día de la elección. Es decir que el día de la elección, el puntero contrata uno o más automóviles (“remises”) que pasan a buscar a la gente por la casa (para que no se olviden), los llevan a votar, y los devuelven a sus hogares. Se supone que le gente del “puntero” vota por la lista que él les dice.
En función de esta supuesta convocatoria electoral del puntero, en la etapa anterior a la elección interna, cuando se van a armar las listas de precandidatos tienen lugar incansables negociaciones. Cada puntero negocia su “paquete de fichas” con los distintos “jefes” partidarios locales. A ningún puntero le conviene quedar fuera de la lista ganadora, porque se pierde la posibilidad de usufructuar los “favores” del oficialismo partidario. Pero aquí entra a jugar la ley de oferta y demanda. Como todos los punteros quieren ir con el ganador, los lugares a obtener en dicha lista son poco expectantes. Entonces, suele convenirles ir con la lista opositora, dado que aunque pierda, allí el puntero puede obtener cargos mejor ubicados, desde los cuales tener capacidad de “chantaje” como minoría fuerte, cuyo apoyo será requerido para lograr consenso partidario en temas cruciales. A este proceso complejo de negociaciones estratégicas, un tanto difícil de entender, se lo denomina “la rosca” interna.
Este sistema de negociaciones entre Jefes y punteros asciende en forma piramidal del nivel municipal al provincial, y del provincial al nacional. Los que son referentes a nivel local pasan a ser simples piezas a un nivel más alto.
A su vez, cuando existen conflictos a nivel local, desde los niveles superiores se puede “reglamentariamente” favorecer a un referente local o a su contrincante, de modo que la organización se reproduce, formando así una verdadera “oligarquía” partidaria.
En Argentina este sistema ha caído en desprestigio por sus falta de representatividad y por su evidente corrupción. A ello se suma su falta de eficacia, dado que en varias elecciones de los partidos mayoritarios ha quedado demostrado que no siempre gana el “aparato”, debido a que el votante en el cuarto oscuro, elige el candidato que quiere. Es memorable en este sentido el vuelco interno que produjo Raúl Alfonsín en el Radicalismo en 1983, y la derrota del aparato Cafierista en 1987, a manos de Menem y su convocatoria carismática.
Por estas razones, este sistema está teniendo una lenta transformación, sin perjuicio de que aún continúan vigentes los “aparatos” de los partidos mayoritarios”. Actualmente las internas cerradas son usadas sólo en partidos conservadores del interior, o en partidos de reducido tamaño y poca significación electoral.

Internas Abiertas con Padrón Nacional.
Es un intento de reforma del sistema de internas cerradas. Tiene el mismo funcionamiento de dicho régimen, pero con la diferencia que hay dos padrones: el padrón de afiliados y el padrón nacional de “vírgenes”, es decir, de ciudadanos no afiliados a ningún partido político. Los afiliados pueden votar autoridades partidarias y candidaturas a cargos electivos. Los no afiliados solo votan estas últimas.
Si bien este sistema favoreció un incremento de la participación electoral, no desbarató el poder de los aparatos partidarios, sino que solo les aumentó la clientela potencial. Ahora los punteros además de exhibir su paquete de fichas, han formado una “tropa” de independientes. Con una desventaja adicional: esos nuevos paquetes de independientes, pueden ser “movidos” en las elecciones internas abiertas de todos los partidos políticos. De modo tal que ahora los punteros pueden extender su poder e influencia por fuera de su estructura partidaria de origen.

Cómo se vota en Argentina.
Veamos ahora cómo funcionan las instituciones electorales en la práctica.
El comicio se abre a las 8 horas. En cada mesa de votación la Junta Electoral designa con antelación autoridades tres autoridades. Son autoridades imparciales. El presidente es la única autoridad con poder de decidir quién puede votar y quién no. También hay dos Vicepresidentes (Primero y segundo) cuya función es reemplazar al presidente y ayudarlo a cumplir su tarea. Junto a las autoridades de mesa, actúan los fiscales, a quienes los designa cada partido, y se ocupan de controlar que no se produzcan irregularidades (fraude).Su función más importante es durante el recuento de votos (escrutinio).
Cada mesa cuenta con un padrón, que es la lista de las personas habilitadas para votar en esa mesa. No se pueden agregar otros votantes, salvo que sean fiscales de mesa, o autoridades comiciales. Junto a la mesa de votación se habilita un Cuarto Oscuro, que es el lugar (cerrado) en el que se encuentran las boletas oficializadas de los Partidos, para que el sufragante elija cuál pone dentro del sobre. Se lo llama oscuro porque deben empapelarse todos sus vidrios o lugares abiertos de modo que desde afuera no pueda verse qué boleta se elige.
Cada votante debe buscar la mesa en cuya hoja del padrón figura. Se presenta el DNI (LE o LC) al presidente de mesa, quien entrega un sobre firmado. Se ingresa al cuarto oscuro, se elige una boleta y se la guarda dentro del sobre. Se cierra el sobre y se sale del cuarto oscuro. Se Deposita el sobre en la urna, y se retira el DNI con un sello que dice "votó".
No pueden votar los ciudadanos que no figuran en el padrón, o figurando carecen de DNI (o LE o LC según el caso), o teniendo ese documento figuran con una renovación posterior (Ej: no se puede votar con DNI original si en el padrón se figura con el duplicado).
Son votos impugnados aquellos casos en los que el Presidente de mesa autoriza a votar al sufragante, pero que los fiscales sospechan que puede haber diferencias en la identidad de la persona (problemas de documentación).
Se denomina Voto cantado a la violación del secreto del voto. Se dá cuando el sufragante expresa de alguna manera por quién va a votar. Se le debe impedir que sufrague, y labrar un acta haciendo constar tal circunstancia.
Desde las 18 horas se cierra el comicio y comienza el escrutinio, o recuento de votos, que debe hacer el presidente de mesa ayudado por los dos vicepresidentes de mesa.
Se consideran Votos nulos aquellos que, una vez abierto el sobre, durante el escrutinio, se descubre que tienen tachaduras, inscripciones, papeles agregados, o que contienen una boleta parcialmente dañada, o de otro distrito.
Son Votos en Blanco los que no contienen nada dentro del sobre o contienen un papel en blanco.
Al finalizar el recuento de votos en la mesa el Presidente labra un acta consignando los resultados y entrega a los Fiscales un Certificado de Escrutinio, en el que consta cuál fue el resultado en esa mesa.
Luego las Urnas con las actas y la papelería de cada mesa es devuelta al representante de la Junta Electoral en la Escuela (el empleado de correo, normalmente). De ahí son conducidas, bajo custodia del Ejército, a un centro de reunión de Urnas, para luego trasladarlas en conjunto a la Capital de la Provincia.
El conteo más inmediato se hace mediante un formulario llamado “telegrama de escrutinio” que el presidente de mesa envía al centro de Cómputos. Los datos oficiales que se conocen en la noche del día de la elección, son producidos por esos Centros de Cómputos oficiales.
Si algún partido impugna la elección, o el escrutinio, alegando irregularidades, las Urnas son reabiertas durante los días siguientes en la Junta Electoral en la Capital de la Provincia, y los votos son recontados uno a uno. Es lo que se denomina “Escrutinio de Junta” que pocas veces ocurre.
Hasta aquí el funcionamiento normal de un comicio.

Hecha la Ley, Hecha la Trampa.
La Democracia Argentina actual ha alcanzado un nivel de maduración tal, que todas las medidas preventivas establecidas en el Código Electoral Nacional no son otra cosa que eso: medidas preventivas. En los últimos 15 años solo se registran unos pocos casos de fraude electoral de repercusión nacional: Misiones, Avellaneda y Santiago del Estero. En todos los casos el beneficiario del fraude fue el Justicialismo. Pero si comparamos esos casos con todo el resto de elecciones nacionales, provinciales, y municipales que hubo desde 1983 hasta 1999, vemos que el fraude es verdaderamente una excepción.
De todos modos, es importante tener presente que en otras épocas sí existió fraude organizado a nivel nacional, normalmente para beneficiar a los políticos conservadores. Y también hay que recordar que las elecciones internas tanto de los partidos políticos como de los sindicatos, tienden a ser un verdadero anecdotario de la “viveza criolla” en su peor sentido.
Con el objetivo de ayudar a prevenir los casos de fraude, vamos a recordar cuales son los casos más usuales de manipulación electoral.

Manipulación de la legislación electoral:
Aquí lo ilegítimo es la propia ley, que establece una forma “tramposa” de favorecer al oficialismo. El caso más conocido es el “gerrymandering”, es decir, la configuración mañosa de las circunscripciones electorales en la que las zonas donde la oposición es fuerte son compensadas con zonas más fuertes del oficialismo, de modo que se reduzca su representación electiva. Es un recurso utilizado por Perón en las Elecciones de Capital Federal durante su segunda presidencia.

Eliminar listas opositoras.
Consiste en poner obstáculos reglamentarios, o de hecho, a la presentación de listas opositoras. Por ejemplo, en la UOM, para ser candidato a determinados cargos se requiere previamente haber integrado la nómina dirigencial del gremio. También es usual comprar la voluntad de los avalistas de la lista, para que desistan de su apoyo mediante carta documento.

Retoque de Padrones.
Consiste en eliminar del padrón a aquellos votantes que se sabe que van a votar por la lista contraria, o en agregar antirreglamentariamente personas que se llevarán a votar a favor de la lista del defraudador.

Voto Cantado:
Como ya dijimos, es el caso del elector que dice en voz alta la lista o el candidato que va a votar. Hasta la sanción de la ley Saenz Peña no existía el voto secreto, que es una conquista de la democracia argentina. Antes de 1912, los votantes hacían fila frente a la mesa de votación, y a medida que les tocaba el turno iban diciendo en voz alta ,“cantando”, cuál era su voto. No había boletas ni cuarto oscuro. El escenario solía completarse con los matones del caudillo local, que se ubicaban detrás de las mesas, para recordar a los electores como eran las cosas.

Arreglo de Resultados:
Antes de la Sanción de la ley Saenz Peña era muy común que entre los fiscales “pactaran” antes de empezar la votación, de antemano, cual iba a ser el resultado. El acuerdo daba lugar a un acta de escrutinio que se firmaba antes de abrir el comicio. Después de dejaba votar a la gente, y a las 18 horas se tiraban los votos a la basura, y se los reemplazaba por otros, acorde al resultado arreglado.

Eliminar, cambiar o Dañar Boletas.
La responsabilidad de que en cada cuarto oscuro haya boletas, es de cada lista. De modo que si no llegan, o se acaban, o están rotas, es problema de esa lista. La maniobra consiste en incendiar los camiones que transportan boletas, o no poner las boletas en el cuarto oscuro, colocarlas rotas, o escribirlas para que los votos sean nulos. Un mal hábito muy difundido en nuestros electores es el de desordenar el cuarto oscuro, pero con disimulo: el elector defraudador se roba todas las boletas de una lista, menos una que la deja en su lugar, y debajo de esta pone un mazo de la lista que quiere favorecer. A simple vista parecerá que no faltan boletas de esa lista en el curato oscuro. Pero cuando el siguiente elector recoja esa única boleta, abajo quedarán las de la lista que quiere favorecer.

Voto en Cadena.
Solo puede practicarse en elecciones de poco tamaño. Es una violación de la libertad de sufragio. Se sustrae de la mesa de votación uno de los sobres ya firmados por el presidente de mesa y los fiscales, pero vacío. O se copia uno igual. En un local cercano al centro de votación se le entrega al votante ese sobre ya cerrado, con la boleta de la lista que se quiere favorecer en su interior, y se le explica los pasos a seguir. Lo debe llevar escondido, recibir el sobre que le den en la mesa, en el cuarto oscuro tiene que cambiar uno por otro, guardar el sobre vacío que le entregaron, votar con el sobre que ya viene lleno, y a la vuelta, contra la entrega del sobre vacío que le dio el presidente de mesa, se le pagará una suma “X” de dinero ya estipulada.

Agregado de Sobres.
Cuando el presidente y/o el fiscal de la otra lista se distraen, el fiscal agrega en la urna 10, 20 o más sobres conteniendo boletas del propio partido, que una vez mezcladas con las demás, ya no pueden distinguirse. Para completarlo, se marcan del padrón del presidente igual cantidad de personas, al azar, con la indicación de que votaron.

Volcar padrones.
Se hace en las mesas en que no hay fiscales opositores, y el presidente de mesa está de acuerdo con el fiscal oficialista. Consiste en agregar lisa y llanamente una cierta cantidad de votos en la urna, y marcar los padrones indicando que la misma cantidad de personas fue a votar. Para disimular el fraude también se colocan algunos votos opositores. El resultado de la mesa será muy desproporcionado. Por ejemplo: 100 a 10, 200 a 40, etc.

Compra de Fiscales.
Se arregla una contraprestación determinada con el fiscal de la lista contraria, para que haga como que no ve la maniobra de fraude. Luego, se agregan sobres, se vuelcan padrones, se quitan votos a la otra lista, etc. Esta maniobra suele ser muy sencilla en los casos en que la lista víctima del fraude, debido a su poca militancia, presente fiscales remunerados.

Cambio de Sobres.
También requiere la complicidad o la inexistencia de fiscales de la lista contraria. Se deja votar normalmente a los electores, pero en el momento del escrutinio luego de abiertos los sobres, se cambian las boletas de la otra lista por la propia. También suele darse el cambio de sobres cuando el escrutinio es muy desordenado. Entonces los partidarios de la lista defraudadora llevan mucha gente al lugar de conteo, producen confusión, y cambian las boletas.

Cambio de Urnas.
Igual que en el caso anterior, pero en el depósito de Urnas. Una vez que (después de las 21 hs., seguramente) llegan las urnas conteniendo los votos, al punto de concentración de urnas; las urnas verdaderas son cambiadas por otras “truchas” previamente preparadas, conteniendo votos, actas y resultados falsos, a favor de los defraudadores.

“Pinchar” el Escrutinio informático
Consiste en “inyectar” clandestinamente cifras en el sistema de computación donde se está haciendo el recuento de los resultados de los telegramas de escrutinio.

Retención de Documentos.
Consiste en retener, por los medios que fuere, los documentos de las personas que se sabe que podrían votar a la lista contraria. Ej,.: que el registro de las personas, antes de la elección acelere la entrega de documentos a las personas que denuncian empleos de baja remuneración y retenga o retrase la entrega de documentos a todos aquellos que denuncian ocupaciones de clase media. Otra modalidad suele darse en zonas rurales muy tradicionales, como en Corrientes: el patrón, antes del día de la elección, se queda con el documento de los peones que podrían votar a la lista contraria. Durante la época de la República Conservadora, era común que al lunes siguiente, a esos peones se les devolviera la libreta con la constancia de que habían votado, es decir, que alguien había votado por ellos.

Doble documento.
Una persona saca un segundo DNI denunciando que perdió el primero, pero lo conserva clandestinamente. El día de la elección vota en una mesa como fiscal de mesa, y también vota en la mesa en que está empadronado, como un elector común.

Una zapatilla hoy, la otra el lunes.
Es una técnica destinada asegurarse el resultado de la votación para un electorado relativamente importante. La utilizaron los punteros de la familia Saadi en Catamarca, según se revelara a consecuencia del caso “María Soledad” . Antes de la elección, a una persona pobre, se le regala una zapatilla, por ejemplo, la del pie derecho. Y se le promete regalarle la del otro pié si en el candidato designado gana las elecciones el domingo. En pueblos del interior, cuyo padrón no supera los 100 o 200 votantes, es una técnica de alta eficacia. Una variable de esta forma de fraude es la entrega de medio billete, por ejemplo de $ 50, antes de elección, y la entrega de la otra mitad luego de asegurado el triunfo, el día lunes.

Perspectivas de Mejora.
La lista de trampas seguramente podría seguir. Y seguramente se irán inventando técnicas nuevas. Pero estas son las modalidades más comunes de Fraude Electoral. Afortunadamente no son prácticas generalizadas, pero sí son muy difundidas en las elecciones pequeñas, locales, o internas.
La forma más adecuada de prevenirlas es la “nacionalización” de la elección, dado que pone a todo el comicio bajo vigilancia de la sociedad a través de los medios de comunicación. Donde hay una cámara de TV, el fraude es muy difícil. En cambio, en las elecciones aisladas, locales o internas, que no llegan a los medios de comunicación, el fraude es más factible.
Sin embargo el problema de esta “nacionalización” es el “arrastre” de las figuras nacionales, es decir, el hecho de que el electorado manifiesta su voluntad en cuestiones locales (ej.: elecciones municipales) en función de su simpatía por candidatos nacionales.
Existen proyectos de reforma de la ley de partidos políticos, por ejemplo que proponen que las elecciones internas se realicen en forma simultánea, en una misma mesa de votación para todos los partidos, con autoridades designadas por la justicia electoral. Anticipándose a la futura legislación, los partidos mayoritarios ya han implementado el sistema de internas abiertas, consistente en que en esa elección puedan votar además de los afiliados, los no afiliados a ningún otro partido.
Lamentablemente menos se ha podido avanzar en la forma de transparentar la elecciones internas sindicales. Un paso importante en este sentido lo dio el CTA, cuyo Secretario General Nacional es elegido en una elección nacional, con padrón virtualmente abierto.
Como puede observase, hay dos factores que tienden a facilitar el fraude: la intromisión del factor económico en los mecanismos de decisión, y la ausencia de militantes de las listas perjudicadas. El problema económico podría resolverse con mecanismos de control del financiamiento económico de la actividad política. Pero el segundo punto no tiene otra solución más que la participación de la gente en la organizaciones populares que sienta que merecen ser defendidas.

Raúl Alvarez - 29.2.00

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martes, 8 de marzo de 2011

Opinion Publica


Relaciones de poder en el proceso de
formacion de la Opinión Pública.


Conceptos de Opinión Pública*.
¿Qué es la Opinión Pública? No se puede dar una respuesta categórica a esta pregunta. Cada corriente de pensamiento adopta su propia definición, en función de las distintas controversias que recorren el tema.
Aquí no vamos a adoptar ninguna de esas definiciones, sino que nos vamos a limitar a presentar las distintas alternativas.
La visión liberal Clásica. El término OP comienza a ser usado a mitad del siglo XVIII en Francia y Alemania. Su primer formulación coincide con la visión de los teóricos de la democracia liberal clásica (Rousseau, Locke, Toqueville). Se conceptualizaba entonces la OP como la opinión del pueblo, del conjunto de los ciudadanos de una nación. Así entendida esta “opinión de los ciudadanos” debía ser el núcleo de la voluntad general, que debía ser llevada a la práctica por los gobernantes que ejercerían su mandato en representación del pueblo. Así vista, la OP pretendió ser un correctivo a las posibles desviaciones de la democracia representativa: dado que el pueblo no puede gobernar en forma directa, los representantes electos deben hacerlo en su nombre, pero la voluntad política que deben ejecutar, es la voluntad del pueblo, que se expresa mediante la opinión pública. Esta OP que debía guiar al gobierno era concebida así como un verdadero poder democrático.
La OP en la realidad política moderna: Así entendida la OP, presentaba un grave problema que era el cómo hacerla operativa. ¿Quién expresa la OP? ¿Por qué medios? ¿Hay una sola OP o debe admitirse una pluralidad de opiniones? ¿Qué porcentaje de consenso debe tener una opinión para considerarse pública?
En tanto no se especifica un método para llevarla a la práctica, la OP en la visión liberal clásica no pasa de ser una entelequia que sirve para justificar cualquier opinión individual o sectorial. Cualquier persona o grupo puede entonces, si cuenta con los recursos necesarios, elevar su voz y expresar su pensamiento, sosteniendo que lo hace “en nombre” del pueblo, y que por lo tanto esa es la OP. La gracia de este juego es que los que tienen recursos para hacer oir su voz son, generalmente, aquellos que han acaparado más capital o más poder, y lo usan en su propio beneficio. En esta visión elitizada, la OP podía concebirse como aquellas opiniones que, en nombre del conjunto, se hacen oir en una sociedad, con prescindencia de cuan representativos sean sus portavoces.
De esta manera, la falta de definición sobre el método de expresión válida de la opinión de los ciudadanos, es aprovechada por las clases dominantes, para manipular la expresión de las opiniones en su propio beneficio.
La OP de los medios. Los avances tecnológicos de los medios de comunicación acentuaron aún más esta dispar posibilidad de hacer oir las opiniones de las distintas personas, grupos y clases sociales. La prensa escrita, la radio, y la TV, han disminuido sucesivamente la proporción emisor/ receptor de la opinión contenida en los mensajes. La opinión del individuo en la plaza pública es superada por los efectos de la palabra escrita impresa en un periódico, que a su vez quedó rezagada frente a los mensajes radiales de los líderes, que también se verán sobrepasados por el mensaje envolvente de la Televisión.
En razón de este notable impacto de los medios de comunicación –que será analizado en el apartado siguiente- muchos pensadores han tendido caracterizar la OP, lisa y llanamente, como la Opinión difundida por los medios de comunicación.
Si bien es cierto que la opinión difundida por los medios es influyente, salvo por su línea editorial, rara vez los medios expresan opiniones propias. Generalmente difunden masivamente opiniones de otras personas, dirigentes o grupos. Los medios parecen actuar como un medio más amplificador que creador de opiniones.
La OP como resultado de las encuestas. Dijimos que las clases dominantes, en la práctica, pervierten el concepto de OP suministrado por la teoría clásica de la democracia liberal. Y que es tergiversación se debía a la falta de un método claro para expresarla. Los científicos sociales positivistas, han propuesto entonces un método, supuestamente seguro, para “extraer” la opinión de la población, se trata de las encuestas de opinión pública. La receta es sencilla: Se deciden los temas sobre los que se quiere recoger opinión, se formula un cuestionario referido a esos temas, y luego se consulta a la población en base a ese cuestionario. Si es posible se consulta a todos y cada uno de los ciudadanos. Por ejemplo, en una elección o en un plebiscito. Como semejante consulta es muy cara y compleja, generalmente se recurre al muestreo: se selecciona una pequeña muestra que por sus características (diversidad de sexo, edad, posición social, nivel de estudios, etc.) sea representativa del conjunto de la población a estudiar, y luego se la interroga en base al cuestionario preformulado. Finalmente se tabulan los resultados, se estiman los porcentajes, y el resultado –supuestamente- es la opinión de la población. Así, para los científicos sociales positivistas, la OP no es más que el resultado de las encuestas de opinión, que ellos mismos realizan.
El problema es que las encuestas de opinión no son tan seguras, fiables y “científicas” como pretenden los positivistas. Uno de sus principales críticos ha sido Pierre Bourdieu, quien observó que no es cierto que toda la gente tenga opinión formada sobre los temas que se le preguntan, que no es cierto que todas las opiniones valgan lo mismo en la lucha política, y que no existe un consenso previo acerca de qué temas son dignos de ser encuestados. Se agrega a ello que la metodología empleada por los científicos positivistas no siempre reúne los requisitos formales que dice obedecer, que dichos procedimientos nunca pueden ser controlados por personas ajenas a la investigación, y que son métodos desconocidos para la casi totalidad de la población.
Así entonces, las encuestas de opinión no pasan de ser un “artefacto” (según Bourdieu) que parcialmente expresa y parcialmente esconde la verdadera opinión o falta de opinión de los ciudadanos sobre los temas encuestados. Ciertamente, un método muy endeble para servir de control a los representantes democráticos, como pretendía la teoría clásica.
La OP como debate plural. Desde el pensamiento social crítico se han formulado muy diversas proposiciones sobre la OP. Vamos a recoger la visión del pensador alemán Jürgen Habermas. No vamos a citarlo textualmente, dado que su palabra es sumamente críptica. Solo vamos a interpretarlo de la siguiente manera: Habermas concibe la OP como un ámbito plural de debate político en el que se delibera públicamente sobre las críticas y propuestas de diferentes personas, grupos y clases sociales. En este debate, los medios de comunicación, además de tomar postura, difunden las distintas opiniones. Asimismo, el común de la población se expresa, no solo a través de sus gobernantes electos, sino también a través de asociaciones no estatales que organizan la participación ciudadana. Esta mediación de las asociaciones, que activa a la población, transforma a la masa en público, le da un poder crítico y de esa manera lo hace participar de la deliberación en el espacio público.
Volviendo al principio. ¿Qué es la OP? Para los teóricos clásicos es la opinión ciudadana, sin más, que debería servir de guía a los representantes electos. Las clases dominantes tergiversaron este concepto para servirse de él, limitando la OP a la voz que más se oye, es decir, la voz de los que tienen más medios para hacerse oir. Para otros, OP es la opinión que difunden los medios de comunicación de masas. Para los científicos positivistas, es el resultado de las encuestas de opinión que ellos mismos llevan a cabo. En tanto que para Habermas es un proceso de deliberación pública en la que cada uno de estos elementos es aceptado y contrapesado por la acción comunicativa de las asociaciones de ciudadanos. Ciertamente, un panorama poco claro, pero realista.

¿Cuánto poder tienen los medios?
El desarrollo de nuevas tecnologías de los medios de comunicación ha llamado la atención acerca de su influencia sobre la opinión de la población. No existe, en este tema tampoco, una opinión única sobre cuánto influyen los medios en la gente. Vamos a presentar las distintas tendencias existentes al respecto, diferenciándolas según la etapa histórica en que aparecieron, lo que a su vez tiene que ver con el tipo de medio de comunicación que se incorpora.
Teoría de los Efectos poderosos. Esta teoría tiene predominio desde la aparición de la radio y hasta la década de 1940. Sostiene que los medios tienen un efecto determinante sobre la población. Se basa en la experiencia de los movimientos de masas europeos del período de entreguerras (Nazismo, Fascismo y Comunismo). Se veía la radio como el medio amplificador del mensaje de los líderes, que una vez inoculado (inyectado) en la masa produce una reacción de acatamiento inmediato.
En el ámbito Norteamericano, esta teoría tomaba como ejemplo lo ocurrido con la difusión del programa radial “La guerra de dos mundos” de Orson Wells. El programa consistió en una obra de ficción que representaba la cobertura radial de una invasión extraterrestre destinada a someter a la especie humana. Durante el transcurso del programa no se aclaraba que era una ficción. Buena parte de la audiencia creyó que en verdad estaba teniendo lugar una invasión extraterrestre y comenzó a actuar en consecuencia. Decenas de personas, llegaron incluso a suicidarse pensando en el triste destino que aguardaba a la humanidad.
Teoría de los efectos limitados. Comienza a desarrollarse desde 1940. Al contrario de la teoría anterior, sostiene que los medios de comunicación de masas tienen un efecto muy reducido sobre la opinión de la gente. Que las personas desarrollan una capacidad de selección de los mensajes a los que quieren exponerse y a los que no. Que perciben selectivamente los mensajes de los medios con los que están de acuerdo. Y que la principal influencia de los medios es indirecta: los medios influyen sobre las personas más informadas (aproximadamente el 10 % de la población) y luego estos “líderes de opinión” influyen sobre la gente común.
Teorías de los Efectos Cognitivos. Comienza desarrollarse con la aparición de la Televisión hacia mitad de la década de 1950, y cobra forma más acabada hacia la década de 1970, cuando la TV está generalizada. Sostiene que los medios no determinan la orientación de la opinión de la gente, sino los temas sobre los cuales opinar. Cualquier individuo del público puede estar de acuerdo o no sobre, por ejemplo, las noticias que se difunden. Pero los climas de opinión envuelven a la gente de manera tal, que en sus discusiones privadas, siguen discurriendo sobre los temas propuestos por los medios. La función de los medios es demarcar el campo de conocimiento de la población, indicar la “agenda de temas” sobre los cuales discutir. Los medios no dicen qué opinar, sino sobre qué opinar. ¿En qué medida esto implica determinar la opinión?
Un modelo de explicación un poco más complejo es el propuesto por Karl Deutsh, tomado por Giovanni Sartori, llamado modelo de cascada y reborboteo. Sostiene que existen cinco niveles de influencia de la opinión. En el nivel más elevado se encuentra la opinión de las élites socioeconómicas (Clase dominante) en el segundo nivel, la de las élites políticas y gubernamentales, en el tercero los medios de comunicación de masas, en el cuarto los líderes de opinión, y en el quinto las audiencias en general. Las opiniones van fluyendo de los niveles más elevados hacia abajo. En cada nivel, la opinión es reprocesada y adicionada con opiniones propias. La opinión que llega al nivel inferior, la audiencia, contienen elementos de todos los segmentos anteriores. Pero a veces pueden ocurrir, en cada nivel, reborboteos, que hacen ascender una opinión al nivel siguiente, obligándolo a receptar la opinión de un nivel inferior. Excepcionalmente estos reborboteos pueden ser generalizados y desarrollar “marejadas” que alcancen a cubrir incluso a los niveles superiores de la cascada. Es un modelo de explicación mucho más complejo, en el que el papel preponderante lo juegan las elites socioeconómicas y los medios de comunicación, pero no se deja de lado ningún elemento influyente en la opinión pública general.
Comunicación Global. El fin del siglo XX se caracterizó por una nueva transformación de los medios de comunicación de masas. La aparición de la comunicación satelital, de la fibra óptica, la comunicación por internet, de canales de TV mundiales, etc. hacen pensar que se insinúan nuevos debates. ¿Estas nuevas tecnologías, aumentan o no el poder de los medios? Quienes piensan que los medios tienen un poder creciente sobre la opinión de la población, destacan el efecto uniformador de esta globalización comunicativa: como todo el planeta mira por TV (satelital, digital, VCR, etc.) los mismos canales y los mismos programas, las audiencias de distintos países tienden a reaccionar de la misma manera. Al contrario, hay quienes destacan que estas nuevas tecnologías generan un realce de lo particular y de lo local. Así por ejemplo, la preocupación de los medios mundiales sobre temas específicos –ejemplo: el hambre en Africa o la recesión en Argentina- hace que estos temas que antes quedaban silenciados, actualmente sean preocupación de toda la humanidad. Asimismo, se destaca que la reacción de algunas etnias a este efecto global produce un resurgimiento de los nacionalismos, que a su vez encuentran un nuevo cauce de expresión y afirmación, a través de internet y los medios globales de comunicación, que hubiera sido imposible con la tecnología anterior.

Campañas Electorales.
Hasta ahora hemos analizado los efectos de la opinión pública y de los medios sobre la construcción de la subjetividad, y su influencia sobre la autonomía individual y colectiva. Ahora vamos a ver cómo se reflejan estas cuestiones en las campañas electorales concretamente.
Más allá de las discusiones teóricas antedichas, en el juego de la política práctica, ha predominado una aplicación acrítica de las técnicas de sondeo de opinión y Marketing, tendientes a obtener un resultado: ganar elecciones. La preeminencia de la TV, sobre todo, obligó a los candidatos a trazar vastos planes de comunicación de alcance nacional para afrontar la contienda electoral.
La fórmula utilizada es sencilla pero masiva y costosa: se realizan encuestas para conocer las preferencias de la población, y luego se presentan los candidatos de manera que agraden a los votantes para que éstos los voten en las elecciones.
En base a los resultados de las encuestas se traza un plan estratégico de campaña. Se eligen los ejes temáticos con los cuales se supone podría batirse al adversario. Se buscan los puntos débiles sobre los cuales el adversario seguramente hará hincapié, y se preparan los contraargumentos para rebatirlo. Se prepara un presupuesto del costo de la campaña y se designan responsables de “recaudar aportes”. Se fija, en función de todo ello, una estrategia de medios, es decir, por qué medios (radios, prensa, TV, afiches) se van a difundir las propuestas de campaña, y en qué medida y ritmo, etc.
Toda campaña electoral tiene usualmente cuatro etapas: la primera es de presentación, debe comenzar antes sobre todo para los candidatos menos conocidos. La segunda es de propuesta, contiene condensado, el programa de gobierno del candidato. La tercera es la campaña negativa, la etapa en la que se produce el choque entre candidatos rivales, cuando los oponentes hablan mal uno del otro recíprocamente. Y por último, la cuarta etapa es la del tramo final, una especie de final feliz, en la que todo candidato tiende a mostrar una situación idílica de encuentro del pueblo con “su hombre” que lo va a representar y llevar a la felicidad, la victoria, la paz, el progreso, etc.
Los especialistas en el tema afirman que cuentan con una técnica eficaz para ganar elecciones, escriben libros al respecto, arman programas, estrategias, diagramas, etc. Pero hasta ahora se han mostrado tan falibles como las propias encuestas de opinión, y está demostrado que ni el mejor asesor de campaña puede llevar al triunfo a candidatos que el proceso político mismo conduce a la derrota. No obstante, ningún actor político puede prescindir de alguna estrategia de campaña.
El desafío pendiente, para quienes quieren que la democracia sea algo más que un espectáculo, es encontrar la forma de combinar estas técnicas, con la autonomía ciudadana y participación popular. No tenemos mucho para decir al respecto, ni tampoco es el objeto de este trabajo. Por ahora estemos conformes si podemos problematizar las simplificaciones del merchandising. Si podemos analizar estos problemas en toda su complejidad, habremos dado un paso importante en la dirección propuesta.

Raúl N. Alvarez 2.8.01

lunes, 7 de marzo de 2011

Partidos Políticos

PARTIDOS POLITICOS.


Concepto. Elementos.
A los efectos de este curso, vamos a denominar “partido político” a toda organización de personas que se plantea como objetivo la conquista o mantenimiento de espacios de poder en el estado. Es decir que, para nosotros, los elementos de un partido son tres: las personas, el objetivo de acceso o conservación de poder estatal, y la organización de esas personas con esa finalidad.
No hace falta que esta asociación tenga reconocimiento legal como partido, dado que existen innumerables casos de partidos que por diferentes razones se encuentran proscriptos, pero no por eso dejan de funcionar como tales. Así por ejemplo, el peronismo y el radicalismo en Argentina entre 1976 y 1982, no contaban con reconocimiento jurídico, pero no por ello vamos a negar que existieron durante ese período.
Del mismo modo, la ideología tampoco es un elemento indispensable. Obviamente las personas que se organizan en partido político, alguna motivación tienen. Pero es un asunto individual, no es necesario que sea una ideología compartida lo que los congregue. Así por ejemplo, tenemos cantidad de casos de partidos políticos con diferentes “alas” o corrientes de opinión, que profesan ideologías diversas. Por ejemplo, el Partido Republicano en Estados Unidos, o el Partido Justicialista argentino en el período 1969-1976.
¿Y por qué se organiza la gente en Partidos Políticos? Los partidos surgen espontáneamente en toda época y lugar que los seres humanos se disputen el poder. Como el poder del estado, por su naturaleza, siempre es objeto de disputa, esta lucha va necesariamente acompañada de la formación de “facciones”, o “sectores” que se organizan para conquistarlo. A esos grupos organizados los llamamos Partidos. A veces esta lucha será violenta y descarnada, como en la Europa Feudal o en la Roma Imperial. A veces será regida por un conjunto de normas que la hacen más civilizada, como en las democracias contemporáneas. Pero siempre habrá partidos.

Surgimiento de los Partidos Políticos Modernos.
Cuando a fines del siglo XVIII las revoluciones burguesas de los países centrales transforman la sociedad y el estado, se producen una serie de cambios que van a desembocar en la constitución de los partidos políticos modernos. Las Sociedades industrializadas convocan masivamente mano de obra a radicarse en centros urbanos. Estos sectores populares urbanos en crecimiento tienden a politizarse más y más. El discurso político de la burguesía basado en el concepto de soberanía popular dá el argumento jurídico en base al cual el nuevo estado burgués tiende progresivamente a incorporar, vía ampliación de los derechos electorales, a mayor cantidad de ciudadanos a participar en el proceso político. Este proceso, consistente en que los gobernantes son electos con el voto de cada vez más gente, se denomina “universalización del sufragio. Tuvo lugar en Europa en el siglo XIX. En Argentina, recién va a concluir cuando se conceda el sufragio universal a las mujeres, en 1947.
Es decir que la política se fue transformando de una actividad de élites en un actividad de masas. Si hace 200 años, para llegar al gobierno, bastaba con conseguir el apoyo de unos pocos miembros de la clase alta, desde la unversalización del sufragio se hace necesario convencer multitudes. Para eso los activistas políticos tienen que organizarse de un modo especial, hay que hacer campañas electorales, elaborar una plataforma, llevar adelante debates, realizar eventos multitudinarios, etc. La organización de todas esas tareas quedan a cargo de los partidos políticos modernos.
Pero los partidos, así y todo, son un fenómeno no querido por los fundadores de la democracia moderna. La idea original de que la soberanía reside en el pueblo y que el gobierno debía ejercer el poder en representación de la voluntad general, hacía pensar que el pueblo era uno solo, y que la voluntad general era una unidad inescindible, tal como lo fuera la cabeza del monarca en otra época. Pero a poco andar, los nuevos gobiernos burgueses de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, mostraron la irrealidad de esa imagen. En los nuevos gobiernos también surgieron disputas por el poder, y en torno de estas disputas se organizaron grupos, sectores y facciones, que pronto darán origen a los modernos partidos políticos.
Y como los partidos eran un efecto no querido, las constituciones y leyes que por entonces se dictaron guardaban total silencio sobre este fenómeno. Si bien las constituciones del siglo XIX no prohiben los partidos, tampoco los reconocen. Sólo guardan silencio. La constitución argentina de 1853-60 es un ejemplo típico de esa omisión. Recién en el siglo XX, cuando se universalizó el sufragio en los países centrales, se reconoció que los partidos políticos son una realidad inevitable y que cumplen una función útil en las democracias modernas. Así por ejemplo en las constitución argentina de 1994 se reconoce la función que cumplen los partidos, a la que nos referimos en el apartado siguiente.

Funciones.
La función, utilidad o efectos que producen los partidos políticos va variando con las épocas y los objetivos que éstos se proponen. Los partidos son un instrumento que como tal puede ser puesto en función de los fines que sus dirigentes se propongan.
En grandes rasgos, diremos que la función de los partidos políticos en los regímenes democráticos es la mediación entre la sociedad y el estado. Mediación significa dos cosas: a) Representatividad, es decir, trasladar las demandas de la sociedad al gobierno del estado, y b) concenso, es decir generar el apoyo en la sociedad para imponer las decisiones del gobierno.
No cabe duda que hay casos de partidos cuya misión ha sido bien distinta. El Partido Nazi en la Alemania Hitleriana, por ejemplo, tenía como función unificar totalitariamente al pueblo alemán en inculcarle el odio político y racial a los pueblos del resto del mundo. Del mismo modo, el objetivo del PRI Mexicano de la década del 80 tenía como función enriquecer económicamente a sus miembros, relegando a un segundo plano toda función mediadora. Pero estos casos son distorsiones del modelo típico de partido moderno, por lo que no vamos a ellos. En todo caso, otro tema de discusión será cómo prevenir los casos de transformación de estos partidos en el sentido del autoritarismo y la corrupción. Por ahora, nos vamos a centrar en el análisis de la función de los partidos políticos en regímenes democráticos.
Esa función de mediación de la que hablamos, es un concepto genérico, que se logra a través de algunas tareas específicas, que principalmente son las siguientes: Provisión de dirigentes, Síntesis Programática, Educación Política y Movilización social.

Provisión de dirigentes: los partidos forman y promueven los dirigentes que van a ocupar los cargos de gobierno (u oposición) a través de diversos mecanismos como campañas políticas, elecciones internas, etc.
Programas y Síntesis Políticos: Los partidos son el ámbito natural donde se discuten y redactan los programas de gobierno. Esta función no se agota en escribir una sumatoria de proyectos. Al contrario, la importancia de esta función esta dada por el hecho de que normalmente los partidos reciben de la sociedad demandas contradictorias entre sí. Por ejemplo, los habitantes de La Rioja quieren que el Estado Nacional invierta dinero de la coparticipación en la Construcción del “Canal Federal” que lleva agua a su provincia, y en cambio los correntinos prefieren que esos fondos se destinen a ampliar la obra de Yaciretá. Otro caso sería el de la puja distributiva: los representantes sindicales siempre piden medidas que aumenten el salario obrero, mientras que los dirigentes empresariales y agropecuarios normalmente piden políticas de mayor ajuste, que llevan a una reducción del salario. ¿Cómo formular un programa político que sintetice demandas contradictorias en un proyecto único de país? Esa es la función más estrictamente mediadora de los partidos, para la que muchas veces se requiere el acuerdo de distintos partidos entre sí. Es la generación de grandes concensos políticos. A través de la función de síntesis programática que cumplen los partidos, las sociedades van procesando sus conflictos internos, prefigurando políticas de estado que las homogeneicen a favor de un progreso económico y social generalizado.

Educación Política: Tradicionalmente se ha sostenido que la formación de una cultura cívica en la ciudadanía es función de los Partidos Políticos. Sobre todo de los Partidos de Masas. Al universalizarse el sufragio, se incorporan al electorado personas de clase más baja que normalmente tienen menos educación. En la mayoría de los casos sin saber leer ni escribir. ¿Cómo convencer a esta gente para que vote a un partido? ¿Cómo explicarle cuestiones políticas a personas que carecen de las más elementales habilidades como por ejemplo saber leer, o realizar operaciones matemáticas básicas?
La ignorancia de los sectores populares nunca fue problema para los partidos conservadores que lo único que les interesaba era el voto. El engaño, el chantaje o el fraude fueron sus métodos predilectos.
Los partidos populares en cambio, para representar al pueblo, primero debieron educarlo, darle los elementos intelectuales mínimos para que la gente común pudiera decidir cuáles eran sus intereses y preferencias y encaminar la acción partidaria en este sentido. Un ejemplo de esta función podemos verla en la cantidad de bibliotecas, escuelas diarios y revistas creadas por los partidos socialistas y comunistas en todo el mundo.
Actualmente esta función fue eclipsada por los efectos de medios masivos de comunicación, reduciendo entonces la labor educativa de los partidos a la simple tarea de esclarecimiento, debate, persuasión, etc.
Movilización Social: Para equilibrar el poder de la sociedad con el poder del estado, para llevar al pueblo (al electorado) a un lugar protagónico en las repúblicas modernas, para evitar la elitización de la lucha política, es indispensable que los partidos movilicen a la sociedad en defensa de sus intereses. Sin una sociedad activada en pos de la realización de las metas que se fijó a sí misma, no hay democracia posible. La democracia implica la autonomía ciudadana, la autodeterminación. Y la autonomía supone la activación: el sujeto colectivo primero decide cuáles son sus objetivos, y luego se debe poner en marcha para lograrlos. La función de los partido políticos democráticos es apoyar e incentivar esa movilización social. A eso denominamos “Participación Política”.
Lo contrario, la pasividad popular, implica una resignación a las directivas del gobierno. Entonces el pueblo se sume en la apatía y deja abierto el juego político para que las elites dirigentes se corrompan, actúen en defensa de sus intereses elitistas, y pasen a ser percibidos por el pueblo como una clase apartada y contraria a sus intereses. En ese caso, los partidos políticos dejan de cumplir su función de mediadora para reducirse a un instrumento de defensa de los intereses privados de sus dirigentes.

Al principio dijimos que los partidos surgen junto con la lucha por el poder. Y Luego dijimos que la función del Parido Moderno es mediar entre la sociedad y el estado. Cabe preguntarse una cosa no se contradice con la otra, si lo propio de un partido político es luchar por el poder o mediar entre la sociedad y el estado. Luchar por el poder para beneficiarse individualmente con él, o representar a la sociedad en beneficio de sus representados. En verdad no hay contradicción entre un concepto y el otro. La naturaleza de todo partido, hace dos mil años y ahora, es la de luchar por el poder. Y la función de un partido político democrático moderno es llevar a cabo esa lucha por el poder a favor de la sociedad que directa o indirectamente representa. Justamente, el partido político es el mejor instrumento institucional para que los ciudadanos organizados puedan combatir a las élites corruptas enquistadas en el gobierno del estado.

Un pesimista podría retrucar que cuando un partido genuinamente democrático gana las elecciones y ocupa el gobierno, probablemente tienda a formar una nueva élite corrupta. A eso en teoría política se lo denomina “Ley de hierro de la Oligarquía”. Y se le responde con la ley de la reciprocidad: si ello ocurre, el electorado en la próxima elección les retirará su apoyo y esa elite deberá dejar su lugar a una nueva dirigencia partidaria, más representativa. Esa es la dialéctica permanente de la democracia. Y la alternancia de los partidos en el gobierno es su principal medio de expresión.

Clases de Partidos:
Existen innumerables formas de clasificar los partidos políticos. Solo vamos a detenernos en las caracterizaciones más usuales.
Izquierda - Centro - Derecha. El origen de esta clasificación es la ubicación de los diputados en la asamblea nacional de la Francia Revolucionaria, a fines del siglo XVIII. Los diputados se ubicaban en un arco en el recinto: a la izquierda los partidos revolucionarios, a la derecha los conservadores y monárquicos, y al centro los moderados o conciliadores. Esta diferenciación ha perdido utilidad últimamente. Pero a modo de orientación digamos que se consideran “de izquierda” a quienes están a favor del cambio en el sentido del progreso social (concepto excesivamente vago, desde ya). Si quieren dicho cambio de una sola vez, se los denomina de izquierda radicalizada o extrema. Si apoyan un cambio progresista gradual, evolutivo, paso a paso, se los denomina de “centro izquierda”. En cambio, quienes quieren volver al viejo órden (jerárquico, feudal, etc.) se los denomina de derecha. También se los llama reaccionarios porque son sectores que “reaccionan” de manera casi refleja contra la acción revolucionaria. La derecha también puede ser subclasificada en derecha extrema y centro derecha, según el grado de radicalización de su postura. Finalmente, se denomina centro a lo que no es ni derecha ni izquierda. El centro es conciliador, mediador, equilibrador, y sintetizador de las propuestas de la izquierda y de la derecha.
Clasificación según la base social: se trata de caracterizar al partido según la extracción social del electorado que lo vota y el tipo de intereses sociales que representan, que pueden no coincidir entre sí. Así se puede hablar de Partidos obreros (de trabajadores, proletarios, etc.) partidos burgueses, partidos de clase media, partidos oligárquicos, etc.
Cuando un partido se sustenta en el voto popular, pero defiende intereses de las clases altas, se lo denomina Populista. Emplea lo que se llama “cooptación”: hace actuar a una clase en defensa de los intereses de otra. Para lograr ese resultado se deben usar recursos propagandísticos, comunicacionales y organizacionales que encubran el verdadero objetivo de su acción. Es lo que comúnmente se denomina “demagogia”.
Partidos de Notables, de Masas y Partidos Profesional Electorales. Son tres modelos de partidos que responden a etapas diferentes del desarrollo de los Partidos Políticos Modernos. Al comienzo solo se trataba de grupos parlamentarios que tejían alianzas dentro del recinto para obtener mayoría en las decisiones o para resistir las decisiones de las mayorías. Esos parlamentarios no son otra cosa que personas notables, destacadas en su lugar de origen, normalmente de clase acomodada, con prestigio y capital propio, que usan ese capital y ese prestigio para lograr el apoyo de los electores. Las campañas tienen como contenido la discusión racional de cuestiones políticas poco comprensibles para el común de la gente. Estas ideas, llamada doctrina, se expresan por medios escritos, como libros o periódicos y están destinadas a convencer a un público relativamente reducido, dado que es bajo el porcentaje de población que vota. Una vez electo, el notable corta amarras con su electorado, no le rinde cuentas y solo se los vuelve a convocar para la siguiente elección. La organización electoral entonces entra en receso hasta la próxima campaña, y durante todo su mandato el notable, ahora legislador va a guiar su acción tan solo por su conciencia, su moral, y sus intereses.
En la medida que se universaliza el sufragio y se incorporan masas populares a las elecciones, los partidos se transforman en partidos de masas. Los primeros partidos de masas son los partidos de los nuevos sectores incorporados a la política, los partidos de las clases bajas: partidos obreros que normalmente profesan, durante el siglo XIX, la ideología obrera por excelencia: el socialismo. Estos partidos se van a dar una organización piramidal, en la que se asciende por voto y por mérito, se va a mantener una vinculación estable con sus bases, a las que se convocará a afiliarse. Como estos dirigentes representan a clases pobres, necesitan del aporte individual de cada miembro para poder solventarse, lo que a su ver redunda en un lazo fuerte y permanente entre el legislador y los afiliados que le pagaron la campaña y por lo tanto lo controlan de cerca en todo su mandato. Para llevar adelante estas tareas organizativas tanto más complejas, los afilados van a designar de entre sus miembros un conjunto de cuadros partidarios estables, profesionalizados, que vana configurar el funcionariado o burocracia partidaria. Por esta burocracia va a pasar todo el poder real del partido. Pero lo central de los partidos socialistas y comunistas, lo que los convoca a todos por igual es la ideología, que la organización debe llevar a la práctica.
La ideología se diferencia de a doctrina en que además de un discurso racional, incluye un componente emotivo irracional, y un componente sociocultural. La ideología interpela a sus votantes en un triple sentido: primero por las ideas si saben leer y escribir (y si las entienden); segundo, a través de elementos irracionales y emotivos como el afecto, la identificación con el líder, el sentido de pertenencia, el triunfalismo, etc.; y en tercer lugar , porque la ideología es siempre un reflejo, o una crítica, de la situación social que viven las clases.
De los tres, el componente sociocultural de la ideología es el más importante. Para un obrero industrial de la Europa del siglo XIX, la ideología socialista contenía todo: la explicación de las injusticias de su presente, la crítica a la explotación capitalista, la esperanza de revertir esta situación y el proyecto de una sociedad más justa. Así vista la ideología no es algo que viene de afuera al electorado. Es más bien la actitud cultural de las propias bases de los partidos. La dimensión ideológica de la sociedad es la que permite reproducir las relaciones sociales de dominación y explotación a través del imaginario colectivo. En ese sentido, la ideología es un reflejo de la situación de clase. Pero cuando los partidos socialistas mostraron las inconsistencias de la sociedad burguesa de entonces, ese mismo componente cultural se torna material crítico anticapitalista, y se vuelve contra el sistema. En este sentido, la ideología es también una crítica de la situación de clase, que promueve la revolución (transformación) del orden social vigente.
Esta, digamos, “raíz social” de la ideología es la que va a explicar por qué hasta alrededor de 1960, las clases obreras de los países capitalistas, tienden a configura identidades políticas fijas.
Cuando los partidos socialistas con su organización de masas entra en escena van a mostrar una eficacia electoral mucho mayor que los partidos de notables de origen burgués. Esto va a llevar a que los propios partidos burgueses, con el tiempo también vayan conformando una organización de masas. La máxima expresión son los partidos populistas o los partidos nazi-fascistas, que logran combinar una propuesta antisocialista con un apoyo electoral masivo.
La acción de los partidos de masas va a verse redoblada con la aparición de un nuevo medio de comunicación: la radio. Por este medio las masas pueden escuchar al líder pegado a su oreja, sentir como tose, como grita, como se enoja, como traga saliva, etc.
Un nuevo cambio organizativo va a darse a partir de la década del 70 y 80 del siglo XX. El debilitamiento de las identidades de clase, la crisis del Estado de Bienestar, y la presencia continuada de la televisión, entre otros factores, van a darle nueva organización a la acción electoral. Las campañas electorales pasan a ser complejas partidas de ajedrez entre especialistas en busca de un golpe de efecto comunicacional que aumente unas décimas la intención de voto de sus candidatos. Los candidatos tienen preeminencia en cuanto a la imagen pública del partido, pero la dirección de la campaña deja de estar en manos del partido para quedar a cargo de un grupo de técnicos (comunicólogos, sociólogos, politólogos, etc.) Los electorados ya no están divididos claramente en clases sociales como antes. La sociedad se ha fragmentado e individualizado. La identidad de clase se ha resquebrajado. El nivel educativo de la población se ha elevado. La campaña va dirigida a un electorado bastante indiferenciado que ya no acepta meras consignas, y exige ideas claras que coincidan con su opinión. Pero no se trata de ideas generales y abstractas, sino de respuestas puntuales a problemas concretos. También se los llama partido escoba o “atrapatodo”, porque trata de “meter en la bolsa” a todos los grupos de la sociedad, sin importar su origen de clase. Un partido de este tipo, ha roto amarras con sus bases, no tiene bases, se diluye la vinculación con los afiliados. Entonces el sostén económico de la organización tienen que provenir del estado, o de los grupos de interés. En definitiva, es un modelo de partido máquina, que solo busca la eficiencia electoral en base al refinamiento profesional de sus técnicos en campañas. Es un partido escindido de la sociedad, y pragmático.
En Argentina podemos ubicar al PAN , al Mitrismo, o la Unión Cívica como partidos de notables. El radicalismo Yrigoyenista es el primer intento de fundar un partido moderno de masas. Aunque el partido de masas argentino por excelencia es el peronismo desde 1945 hasta 1989. El modelo Profesional Electoral comienza a aplicarse en 1983, con la campaña Alfonsinista, y desde entonces no ha sido abandonado por los partidos mayoritarios argentinos.
Sin embargo, hoy en día también el modelo partidario profesional electoral también está siendo superado. Sobre todo en los Países centrales. La búsqueda de mayor transparencia en la relación dirigentes/ votantes, la creciente diversificación comunicativa que va teniendo lugar a través de Internet, la globalización de las políticas públicas, la crisis de representatividad de los partidos políticos, etc. van proporcionando puntos de ruptura que aunque no conforman un nuevo modelo, ponen en cuestión la eficacia de los partidos profesional electorales.

P de Notables P. de Masas P. Profesional Electoral
Papel Central El notable La burocracia partidaria Los técnicos
Lazos con los electores Solo para la elección Fuertes y permanentes Lazos débiles
Preeminencia Pública El notable La Dirección Partidaria El candidato
Financiación Patrim. Privado del notable Cuotas de afiliados Aportes estatales o de grupos
Eje convocante Doctrina, Ideas del notable La ideología Soluciones prácticas concretas
Medio Prensa Escrita Prensa – Radio - TV TV





Sistemas de Partidos

Según un criterio numérico tradicionalmente usado, los sistemas de partidos se dividen en monopartidarios, bipartidarios y multipartidarios, según que exista uno, dos o más partidos.
Si bien es cierto que la cantidad de partidos es un elemento que condiciona fuertemente la dinámica política de un sistema, en algunos casos sistemas muy diferentes pueden entrar en la misma categoría. Más allá de la dificultad de contar cuantos partidos existen realmente en cada sistema.

Por eso Sartori elaboró una clasificación más acabada, en la que agrega una segunda variable: la distancia ideológica entre los partidos. Según este politólogo, los partidos cuentan cuando tiene capacidad de formar coalisiones de gobierno (dá por supuesto un régimen parlamentario) o cuando tiene capacidad de chantaje, es decir, una presencia tal como partido antisistema que obliga a los demás partidos a coaligarse para que éste no alcance el gobierno.
Cuando habla de Partidos Antisistema se refiere a organizaciones que se proponen alcanzar el poder para cambiar el sistema por uno distinto (Ej: Comunistas y Fascistas). El caso tenido en vista por Sartori es básicamente el de su país, Italia, desde el fin de la 2º Guerra Mundial, hasta la Caída del Muro de Berlín. El principal efecto de la existencia de un partido antisistema es que los demás partidos se alían para evitar su triunfo. Pero cuando existen dos partidos antisistema contrarios la competencia se altera sustancialmente, dando una dinámica multipolar, que lleva al desgaste y colapso del régimen. Sartori denomina a esta dinámica “competencia centrífuga” porque se compite por conquistar el voto de los electorados extremos, es decir, se radicaliza el discurso. Se dice que existen oposiciones bilaterales: los moderados de centro tienen que luchar tanto hacia la derecha como hacia la izquierda, lo que lleva a su desgaste, y al triunfo de uno de los dos extremos, con la consiguiente caída del sistema.
Sartori divide además el unipartidismo en tres suptipos:
a) Sistemas de Partido Unico: cuando por ley se permite la existencia de un solo Partido Político (Ej: Cuba y China actuales)
b) Sistemas de Partido Hegemónico: cuando se permite la existencia de otros partidos, pero no se les permite acceder al poder. Ej.: Polonia desde 1945 a 1989.
c) Sistemas de Partido Predominante: Está permitida la competencia partidaria, existen otros partidos, pero no cuentan, dado que nunca llegan al gobierno, ni forman coaliciones gubernamentales, ni tienen capacidad de Chantaje. (Ej: México hasta 1990 aproximadamente).
d) El bipartidismo lo mantiene como categoría autónoma, caracterizada por el hecho de que solo cuentan dos partidos que se alternan en el ejercicio del poder. (Ej..: Gran Bretaña, y EEUU)
El multipartidismo lo subdivide en varias categorías, según la cantidad de partidos y según la dinámica bipolar o multipolar de la lucha.
e) Multipartidismo moderado o limitado: cuando existen de tres a cinco partidos, todos ellos moderados, o de centro ( partidos dentro del sistema). (EJ: Francia , Alemania desde 1945) Predomina una dinámica centrípeta.
f) Multipartidismo extremo o polarizado: cuando existen más de cinco partidos, o existen oposiciones bilaterales (es decir, dos partidos antisistema). Este subtipo lleva al colapso del sistema. Los ejemplos típicos son el de Chile desde fines de los 60 hasta el golpe del 73, y la República de Weimar.
g) Atomizado: cuando existen más de siete partidos. Denota la inmadurez del sistema de partidos (Ej. Bolivia actual).


Crisis de Representatividad de los Partidos Políticos.
Desde hace ya unos diez años, los dirigentes partidarios, no solo de Argentina, sino, en mayor o menor grado, de todos los países del mundo, se encuentran bajo sospecha. Se los acusa de defender sus intereses privados, de enriquecerse ilegalmente con los cargos públicos, de hacer negociados a espaldas de la gente, de haber olvidado sus principios y haberse encaramado en una lucha ciega por el poder, etc.
Los políticos están en la Televisión todos los días y son el malo de la película.
Decimos que esto es una crisis de representatividad porque implica que los dirigentes partidarios han dejado de cumplir su función de representación, y su única tarea mediadora se ve reducida a generar concenso social para imponer las medidas del gobierno, de las que se sospecha, serán los únicos beneficiados. La clase dirigente ha quedado desconectada de la sociedad.
Lejos quedó aquel modelo de partido piramidal, en que los dirigentes representan a las bases y las bases se sienten dueñas del partido. Es que ya casi no existen identidades sociales automáticas como las que otrora beneficiaron el crecimiento del socialismo y el comunismo.
La sociedad ha cambiado y los partidos no han encontrado la forma de adaptarse a ese cambio. Por eso han dejado de representarla.
O al revés: La sociedad ha cambiado y no ha encontrado la forma de crearse sus nuevos partidos que le sirvan de instrumento para autogobernarse.
Mientras tanto alguien tiene que seguir manejando el estado. Y quién lo va a hacer sino los que lo manejaban hasta ahora, los dirigentes de los viejos partidos, que permanecen como instituciones, pero cuya representatividad se ha perdido.
Mucho se ha escrito sobre las causas de esta crisis de representatividad. Vamos a repasarlo.
La postura más vulgar del común de la gente sostiene, con acierto, que las estructuras partidarias están corrompidas. Que los partidos son poco menos que bandas de delincuentes, que solo hacen política para obtener beneficios particulares, y que esas estructuras reproducen su propia supervivencia. Si bien la descripción puede ser bastante cierta, la profundización del tema ha llevado a los cientistas sociales a analizar otras razones.
Los medios masivos de comunicación han ganado el centro de la escena y han desplazado a los políticos. Los medios masivos se han extendido tanto que muestran impúdicamente hasta los resquicios más íntimos de la vida privada de los famosos, entre ellos los políticos. Desde entonces los dirigentes pierden toda sacralidad y pasan, al contrario, a ser objeto de desprecio (y de envidia).
Los medios de comunicación tienden a transformar la noticia en espectáculo, porque el show vende más que el análisis. Entonces la política se pone maquillaje y sale a escena al lado de los cómicos y las vedettes. La política se faranduliza sin que los dirigentes partidarios puedan evitarlo. Entonces ¿Quién puede creerle a semejantes figuras telepolíticas?
Del lado de la sociedad, se recuerda que las clases sociales como conjuntos colectivos se han desdibujados en un sinnumero de casilleros imposibles de unificar. Los grandes colectivos se han particularizado. Ya no se es simplemente obrero, campesino, etc. Ahora pesan más otras inserciones como el deporte, el género, la pertenencia a grupos particularizados como los homosexuales, los enfermos de sida, las minorías indígenas, etc. Reivindicaciones parciales como la ecología o el feminismo, también han cobrado impulso a costa de las identidades de clase. En definitiva, la sociedad ha cambiado tanto que la situación social de origen no genera una ideología uniforme y por lo tanto la fórmula organizativa que la contenía (partidos de masa) pierde toda eficacia.
El mayor nivel educativo de la población y la propensión de los medios a criticar también aportan su cuota al descrédito general. A una población más educada no se la convence con propuestas simples. Y para cada grupo particular se necesita una propuesta diferente ¿Cómo sintetizar a cada uno en una propuesta homogénea? Por otro lado, es sabido que las buenas noticias, para los medios no son noticia. Vende lo que salió mal. Por eso desde los medios masivos lo que se difunde es sobre todo la crítica de la política ¿Cómo construir propuestas entonces?
La globalización ha llevado a la imposición de un conjunto de medidas de ajuste que se aplicaron uniformemente en todos los países, sin que la clase dirigente de los estados nacionales haya encontrado alternativas políticas viables. Los dirigentes locales entonces quedaron con las manos atadas (En Argentina “autoatadas”). Quedaron con la responsabilidad de gobernar lo que no pudieron o no supieron gobernar, lo que sumó unos puntos más a su descrédito.
La actitud antipolítica despacha rápidamente todos estos argumentos y trata de simplificar el problema: la culpa es de los políticos que son ambiciosos y deshonestos. Todo lo que habría que hacer es cambiarlos por unos políticos honestos y buenos. Pero como eso no los parece posible porque –dicen- “todos los políticos son iguales”, entonces el problema no tiene solución. Cambian de canal, ponen TYC Sports y que se arreglen.
Parece irresponsable ver la crisis de representatividad de esta forma. Hay que ver las dos caras de la moneda. Los partidos están entre medio de la clase dirigente y el resto de la sociedad. Si se cortó el vínculo entre ambos, la responsabilidad es de los dos. Pero como el gobierno del estado está colonizado por la clase dirigente que gobierna en su propio beneficio, no puede esperarse que la solución provenga de ese lado.
En definitiva es la propia sociedad civil la que debe auto organizarse nuevamente para reconquistar en su favor el poder del estado. Esta “nueva organización” será la que genere un nuevo modelo de partido que sustituya a los hoy vigentes. Se ven florecer críticas responsables a los partidos políticos. En argentina por ejemplo existe un claro planteo de cómo financiar la actividad partidaria o de cómo modificar el régimen electoral de modo que sea más representativo. También se observan nuevos ámbitos de organización que en algún momento deberán renovar la función de mediación. La expansión de la política virtual vía internet y los nuevos poderes virtuales emergentes pueden ser una alternativa. Las múltiples organizaciones de los nuevos grupos particularizados de la sociedad deberán en algún momento converger en la asunción de responsabilidades políticas de mediación.
Pero no quiero llegar tan lejos con el tema. Nos es función de este curso esclarecer anticipadamente las formas organizativas de la política del futuro. Baste por ahora tener presente que son múltiples los factores institucionales, sociales, mediáticos, políticos, y económicos que llevaron a la crisis de representatividad actual de los Partidos. Aquí estamos ¿Qué hacemos?
Raúl. 22.2.00

domingo, 6 de marzo de 2011

Mediación política: Grupos

Las organizaciones de la sociedad civil

Introducción.
Vivimos actualmente en sociedades de masas, compuestas por millones de personas. Al conjunto de esas personas lo llamamos ciudadanos. El gobierno de esas sociedades, está a cargo de unas pocas personas a las que llamamos gobernantes. Vamos a denominar mediación política a todo el conjunto de temas que implican la vinculación entre el conjunto de los ciudadanos y los gobernantes.
Dado que la población es de millones de personas, cada ciudadano difícilmente logre vincularse en forma individual con los gobernantes. Para efectuar reclamos de todo tipo, o propuestas, o para hacer oir opiniones, o sugerencias, la manera más habitual y eficaz de contactar a los gobernantes y los ciudadanos es a través de las organizaciones colectivas.
Por ejemplo, si una persona está en desacuerdo sobre como se han gastado los recursos de determinada oficina pública, por ejemplo, la asignación de subsidios por desempleo, no es razonable que concurra individualmente a hacer el reclamo. Lo más eficaz es que canalice su inquietud a través de alguna de las organizaciones vinculadas al tema, como por ejemplo, a través de una de las tantas asociaciones de desempleados.
En definitiva, lo que vamos a estudiar en el tema “mediación política” es el conjunto de organizaciones que median, que canalizan el vínculo entre los ciudadanos y el gobierno. Nos vamos a referir a: partidos políticos, grupos de opinión, de presión y de interés, ONGs, Lobby, etc. Es cierto que esta enumeración puede reprocharse de incompleta. Ciertamente la variedad de organizaciones de mediación política es inagotable. Por lo pronto, vamos a reducirnos a las más comunes.

Grupos y Organizaciones.
Las sociedades modernas, compuestas de millones de personas, no mantienen a los seres humanos en el aislamiento. Al contrario, las personas nacen dentro de determinados grupos (familia, etnia), interactúan y forman a su vez nuevos entramados de vinculaciones y agrupaciones. Así vemos formarse grupos en cada área de la actividad humana: desde grupos de amigos hasta agremiaciones económico- laborales, pasando por sociedades comerciales, asociaciones culturales, clubes deportivos etc.
Entre el conjunto de millones de individuos que forman la población, y el reducido grupo de dirigentes que conforman el gobierno, se desenvuelven entonces una inmensa variedad de grupos. Estos grupos son o conforman actores colectivos con identidad propia, cuya acción no se atribuye a ninguno de sus miembros individuales, sino que se imputa al actor colectivos en su conjunto.
Algunos de estos grupos, de alcance más vasto, según las áreas de las que se trate, son un excelente canal para desarrollar la mediación política, la vinculación entre los individuos que conforman la población y aquellos que gobiernan.
Vamos a utilizar como sinónimos los términos “grupo”, “organización”, “entidad intermedia”, “asociación”, etc. Pese a que existen matices entre los significados de estos vocablos, lo que nos interesa aquí es que quede en claro la noción de agrupamiento que estas entidades reflejan.


La organización de la acción colectiva.
La organización de estos grupos no es una cuestión sencilla. Hay un par de hipótesis que la ciencia política ha venido trabajando desde sus inicios, al respecto, que no servirán de alguna orientación.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que cuanto menos personas compongan ese grupo, más fácil será su organización. Así por ejemplo es mucho más fácil organizar una Asociación de empresas telefónicas (Ej: Telecom, CTI, Telefónica, Movicom, etc.) que organizar una asociación de usuarios de servicios telefónicos, que se cuentan por millones.
En segundo lugar, hay que tener presente que a mayor homogeneidad de sus miembros, mayor factibilidad de su agrupación. En cambio, si los potenciales asociados mantienen disputas entre sí, el acuerdo asociativo es más dificil.
Por otro lado, la organización es tanto más probable, cuanto mayor sea la importancia que se atribuye al objeto de la asociación. En argentina, por ejemplo, las asociaciones modernas que primero surgieron, a fines del siglo XIX fueron las de tipo económico (sindicatos, asociaciones empresarias y rurales), las de tipo religioso (Iglesias), y las de tipo asistencial (asociaciones de caridad y mutuales).
Finalmente, hay que tener en cuenta que la propensión a participar de cada individuo es diferente, y sus ambiciones también lo son. En toda asociación que perdura y se consolida, se dá un proceso de “oligarquización”, por el cual sus dirigentes pueden tender a priorizar su continuidad en los cargos por encima de los objetivos del grupo. Pero también es cierto que en forma concomitante, se generan, en toda institución, procesos de transformación y de insurgencia que ponen en constante cuestión a la dirigencia y dinamizan su recambio.-

Grupos de Opinión, de Interés y de Presión.
En función del grado de activación política de estos grupos u organizaciones, vamos a distinguir tres niveles: de opinión, de interés, y de presión.
Grupos de opinión son aquellos que, respecto de determinados temas, tienen una opinión a considerar cuando este sea objeto de tratamiento por parte del gobierno. Por ejemplo, siempre que se hable de bienestar social, la Iglesia Católica, como organización, va a tener una opinión, o un aporte para contribuir al debate general del tema.
Un grupo pasa actuar como grupo de interés cuando tiene no solo una opinión sobre el tema a debatir, sino que tiene un interés específico de que el tema se decida de determinada manera. Por ejemplo cuando se habla de política salarial, del poder de compra de los salarios, la CGT tienen un interés específico de que los salarios mejoren su capacidad de compra.
Finalmente un grupo se comporta como un grupo de presión cuando no solo tiene una opinión y un interés sobre un tema, sino que además moviliza sus recursos económicos y políticos, con vistas a lograr que el gobierno defina el punto en cuestión en la forma que al grupo le conviene. Así, un sindicato, por ejemplo ATE, se comporta como un grupo de presión cuando realiza una Huelga en reclamo de un aumento de salarios, o de otra reivindicación grupal.
Un mismo grupo, según el grado de activación que presente, se comporta como grupo de opinión, de interés o de presión.
Desde el punto de vista del modelo liberal, la acción de los grupos no debe tener influencia alguna sobre la política socioeconómica. Lo único que se le debe pedir al estado, dicen los liberales, es que no intervenga.
La temática de la acción de los grupos, en cambio, cobra importancia desde la vigencia del modelo bienestarista. Al incrementarse el poder y la dimensión del aparato del estado, éste adquiere un lugar central en las luchas que se dan en la sociedad. El Estado es el actor que más poder tiene, y a su lado, las principales clases y fracciones de clases sociales, lucha y se debaten por lograr los beneficios que las políticas públicas reparten. Se podría simplificar abstractamente el cuadro diciendo que en el modelo bienestarista se establece una puja de tres: el estado, la clase dominante y la clase dominada. Es estado se expresa a través del gobierno. Y cada una de las clases lo hace a través de sus organizaciones y partidos. Así por ejemplo, si la burguesía se expresa a través de las asociaciones empresarias (Ej. UIA, SRA) y los partidos burgueses (Partidos republicanos, conservadores) , los trabajadores lo hacen a través de las asociaciones sindicales (Ej. CGT) y de sus propios partidos (socialistas, comunistas, etc.) Los partidos funcionan como el medio por el que cada sector social trata de que sus representantes ocupen el poder del estado. Lo que queda en el campo social, los grupos, son los que llevan adelante la lucha social, la puja de tres, ese debate triangular, que va generando día a día, políticas públicas que reparten beneficios a favor de uno u otro sector.
Sostengo que el planteo de los grupos tiene relación al modelo bienestarista, porque es en este modelo en el que el estado tiene un rol central y poderoso. La dinámica política de los grupos de opinión, de interés y/o de presión, entonces, se manifiesta en relación al Estado y a su poder de decisión, con vistas a obtener políticas socioeconómicas que los beneficien.
Como consecuencia de la Reforma del Estado, y del Ajuste neoliberal, el estado bienestarista es total o parcialmente desmantelado, y entonces el análisis de la actuación de estos grupos también cambia.


ONGs
Un término muy en boga actualmente es el de ONG (“o-ene-gés”) que significa Organización no gubernamental. Con este nombre se designan a los grupos organizados que no son ni organizaciones estatales ni empresas privadas con fines de lucro. Son lo que llamamos organizaciones sociales o entidades intermedias, conocidos como “tercer sector”.
Es una nueva denominación, para un tema que ya es tradicional en la ciencia política, el de los grupos, que en el contexto actual adquiere una nueva significación. Lo que se quiere significar con esa expresión es un nuevo tipo de sujeto social diferente de los ya tradicionales gobierno, partido, clase social, etc.
Dentro del marco de un proyecto social y político alternativo al neoliberalismo capitalista, que plantee un nuevo tipo de vinculación entre lo público y lo privado, las ONGs adquieren un papel central como portadores sociales del cambio que se propone. El ejercicio autónomo de la acción política por parte de la sociedad, se piensa, no puede pasar ni por el gobierno en forma exclusiva, ni por los partidos políticos. Se propone entonces que cuando la sociedad o los distintos ciudadanos, se organizan autónomamente para tomar parte en los asuntos colectivos, lo hacen a través de las organizaciones grupales que ellos mismos se dan, y que se denominan ONGs. Y estas organizaciones serían entonces los principales voceros y defensores de este modelo alternativo, cuya aplicación por parte del estado, estos grupos reivindican.
Se utiliza la expresión ONGs e plural, porque una de las características fundamentales de este nuevo movimiento de contestación es la pluralidad ideológica. Solo a partir de esta diversidad inicial es aceptable que mediante un proceso de debate y deliberación se arribe, entre los distintos grupos, a puntos de coincidencia general, que permitan ensamblar acciones colectivas.
Para tornar más clara la idea, tomemos el ejemplo de una lucha concreta: los subsidios a los desocupados. Distintas ONGs coinciden en reclamar la extensión de estos planes, cada una con su opinión, sus intereses y su capacidad de presión que las diferencian. No obstante, dada la grave crisis social por la que atraviesa Argentina en los momentos en que se escriben estas líneas, tanto las distintas asociaciones de desocupados, como las distintas corrientes del movimiento piquetero, coma la CTA, las dos CGT, y la Pastoral social de la Iglesia Católica, por nombrar las organizaciones más importantes. Todas ellas están contestes en la necesidad de expandir los subsidios a los desocupados, o los planes de empleo.

Lobby
Uno de los primeros fenómenos de los que da cuenta la ciencia política, sobre todo norteamericana es el “lobby”. Esta palabra, traída del idioma inglés significa algo así como hall, palier, pasillo o sala de espera. Se llama lobby a la zona de recepción de los grandes hoteles, y edificios, donde se encuentran sillones para esperar a las personas que se desempeñan en los mismos. Ya desde el siglo XIX en Estados Unidos, y luego también en Europa, se comprobó que los funcionarios y los legisladores eran esperados en los “lobby” por determinadas personas, que los interceptaban y los abordaban para “interesarlos” sobre tales o cuales puntos de determinados asuntos políticos. Estas personas llamadas “Lobistas”, desarrollan una actividad permanente, consistente en tratar de convencer a los dirigentes políticos de la conveniencia de sostener tales o cuales posturas. Son una especie de profesionales intermediarios del tráfico de influencias. En Estados Unidos la actividad del Lobby se encuentra reglamentada. Se requiere estar inscripto en un registro especial, informar el grupo en representación del cual se actúa, y está prohibido el incentivo mediante pagos dinerarios a los funcionarios (es decir, está prohibida la coima).

(En el punto 2 de este capítulo vamos a hablar de Partidos Políticos. Y en el punto 3 vamos a ver los problemas que la mediación política presente en la Argentina, en el año 2002.)


Raúl Alvarez. Abril de 2002.-